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Cuentacuentos, oficio que une la comunicación con la imaginación

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Notimex

En un mundo globalizado de gran intercambio de ideas pero poco empático, el cuentacuentos tiene un papel fundamental en su labor de transmitir relatos populares, valores, conocimientos y mensajes, pero sobre todo de promover la lectura.

El narrador oral tiene una labor noble y agradecida que permite tocar fibras sensibles, así como desarrollar la imaginación de personas de cualquier edad, consideró en entrevista telefónica con Notimex, Gerardo Méndez, quien ha desempeñado ese oficio desde hace casi 30 años.

La presencia del contador de historias no es habitual en las librerías, es más común hallarlos en ferias de libros y festivales, así como en algunos programas de dependencias como las secretarías de Cultura federal y de la Ciudad de México, además del Fondo de Cultura Económica (FCE).

Sobre este último, Méndez resaltó que tiene un programa serio y constante, en el cual ha trabajado más de un cuarto de siglo. El reciente cambio de gobierno poco le ha afectado, se han modificado dos o tres situaciones, pero espera que todo se ajuste pronto, pues no hay que olvidar que “estamos en un momento de transición”.

Hasta ahora ser narrador oral le ha permitido vivir bien, “tengo mi familia que he mantenido a punta de cuentos y me ha permitido darles educación a mis dos hijas, una es doctora y la otra, psicóloga. Es una profesión como cualquier otra, pero hay que batallarle”.

Lo único que lamentó es que los cuentacuentos en general no tengan acceso a seguro social ni jubilación; “ese es el problema, no tenemos prestaciones” porque prácticamente son trabajadores eventuales. 

“Nos contratan por funciones o por año de trabajo y cuando se acaba eso, ¡adiós y hasta la próxima! No somos de nómina y no tenemos base”, externó Méndez.

Su compañero Ignacio Casas, conocido como “Nacho Casas de Adobe y Hormigón”, es un actor y locutor que además suma 12 años como narrador oral, y con mucha frecuencia es invitado a ferias del libro, encuentros literarios y presentaciones de obras literarias.

“La palabra escrita es una fuente, por supuesto, lo mismo que la tradición oral; son fuentes inagotables para nosotros de donde sacamos las historias”, explicó el especialista.

El cuentacuentos, añadió, es una persona que a través de su imaginación y por supuesto con las herramientas de las historias, la literatura, la música y el teatro, puede transmitir ideas o despertar las mentes de quienes los escuchan.

Al igual que Méndez, “soy del elenco estable del Fondo de Cultura Económica y de la Secretaría de Cultura federal, cuya encomienda es promover la lectura entre toda la población, sobre todo entre niños y jóvenes”, coincidió.

Él en específico participa en un programa de la Secretaría de Cultura para atender a infantes que se reintegran a sus familias, las cuales estaban desmembradas.

Recientemente se presentó en Cuicuilco, en el sur de la Ciudad de México, donde se hizo una convivencia lúdica. “Los cuentacuentos somos parte importante del programa, porque nuestra labor nos permite ayudar, sanar y acercar a las familias”.

A Nacho tampoco le ha afectado la entrada de un nuevo gobierno, e incluso comentó que los narradores del FCE ahora están atendiendo algunas poblaciones vulnerables.

“Vamos a sitios en algunas alcaldías de la Ciudad de México o (a poblaciones) en el interior del país donde no nos habían recibido antes; en ese sentido particularmente, y por fortuna, no he tenido ningún problema”, enfatizó.

En opinión de su homólogo Armando Trejo, el cuentacuentos sigue vigente, ha sobrevivido a la aparición de la televisión, la computadora, los videojuegos y otras herramientas que a su parecer han reducido los espacios para la comunicación.

Jóvenes de las nuevas generaciones manejan algunos códigos de información distintos y su interacción ha resultado interferida por exceso de elementos audiovisuales, desde teléfonos celulares y videojuegos hasta el internet. 

“Esto ha propiciado un distanciamiento en la relación humana de una persona con otra; hay que recuperar esa comunicación”, indicó.

Para ello existe la palabra, gracias a la cual se puede externar y compartir vivencias, experiencias tanto de la vida diaria como sobre situaciones muchas veces dramáticas. Mediante la literatura, la tradición oral y la lectura se pueden encontrar y formar vínculos con el entorno y la sociedad.

Trejo, quien inició su labor como cuentacuentos en 1988, opinó que uno de los problemas que enfrentan las personas en su oficio es que su desarrollo se ha debilitado por la falta de preparación.

“Las personas que pertenecemos a otra generación o que hemos tenido una formación muy sólida en esta disciplina artística, hemos notado que se ha bajado el nivel de los narradores porque para algunos es un sólo divertimento, lo cual deriva en un mal narrador de historias.

”Una persona que se dedica a este trabajo debe tener una fuente literaria de calidad, una buena investigación con respecto a la tradición oral y la habilidad de compartir historias que tengan un rigor en cuestiones de lenguaje, contenidos y mensajes”, subrayó.

Los cuentacuentos como Armando, Nacho y Gerardo tienen, por tanto, retos como tener una mejor preparación para acercarse a una sociedad más comunicada pero alejada, así como nuevas vetas de crecimiento profesional en sectores de la población normalmente ajenos a su labor y que, además, les permita vivir dignamente.

 

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