VENERAN LA RELIQUIA DE SAN PÍO DE PIETRELCINA

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POR ENRIQUE ZAMUDIO Noticias En el marco de la celebración del Padre Pío en Querétaro, cientos de feligreses queretanos se reunieron en la Capilla del Seminario de los Operarios de Cristo pare recibir la reliquia de San Pío de Pietrelcina, “el santo de los estigmas”.

Un pañuelo con la sangre del santo capuchino es la reliquia que ayer, alrededor del mediodía, llegó a Querétaro y que estará presente en las múltiples celebraciones programadas para celebrar a San Pío de Pietrelcina en esta ciudad.

Tras el arribo de la reliquia, Fray Tomás Chávez Rodríguez compartió detalles de la vida y obra de San Pío de Pietrelcina, al tiempo que afirmó que, a través de esta reliquia que contiene la sangre de las llagas de los estigmas del santo capuchino, es una forma en la que Dios manifiesta su amor, porque la sangre es la misma que recogía del Corazón de Jesús que dio la vida por nuestra salvación.

Fray Tomás Chávez dijo que hay todo un misterio en torno a la Cruz, la cual –dijo- sólo se puede entender como instrumento de salvación, por eso Dios, a través del testimonio del Padre Pío, quiso enseñarnos el misterio de la Cruz.

“Para mí es un santo entrañable.

Lo veo como un hermano, como alguien que vela por mi vida y por mi vocación”, dijo Fray Tomás Chávez, quien consideró al Padre Pío como un gran santo que fue un gran sacerdote y que cuida sacerdotes.

Fray Tomás recordó que hace algunos años, durante una visita que realizó a Querétaro, conoció al Padre Miracle, el famoso fraile capuchino que vivió en la serranía durante cuatro décadas, personaje que le sorprendió su testimonio que predicaba en la Sierra Gorda, en una zona marginada y que era el vivo ejemplo de “un hombre de Dios”.

Fue así que, al igual que el ejemplo del Padre Miracle, el testimonio de San Pío de Pietrelcina lo llamó al sacerdocio y, además, le ha enseñado cómo es un santo.

El Padre Pío, quien nació en 1887, pertenecía una familia de campesinos, muy numerosa y pobre.

En su pueblo, Pietrelcina, al sur de Italia, existía un fraile capuchino que iba a pedir limosna a la casa del Padre Pío.

En aquél entonces, por regla, los frailes capuchinos debían tener la barba larga.

Fue así que, desde muy pequeño, Pío decía que quería tener las barbas como Fray Camilo.

“Desde muy pequeño se sintió llamado a entregar su vida a Dios.

Desde pequeño tenía fenómenos místicos y pensaba que lo que él experimentaba le pasaba a todos.

Él hablaba con Jesús, con la Virgen y tenía experiencias con el demonio, que lo atacaba y lo asustaba.

Él pensaba que era normal y que le pasaba a cualquiera”.

Un buen día platicó con Fray Camilo y el pequeño Pío le decía que él hablaba con Jesús, lo cual daba muestras de que desde muy pequeño estaba predestinado para una gran misión y, desde muy joven, a los once años, se consagró al Corazón de Jesús y le entregó su vida.

En su adolescencia, el Padre Pío tenía mucho amor por el mundo, las creaturas, las cosas buenas y era un desafío grande renunciar a las cosas de las que se sentía atraído por entregar su vida a Dios.

Ya más joven, Dios le reveló que tenía una misión muy importante para él.

En una carta, el padre Pío le compartió detalles a su director espiritual.

“Dios le dijo que le tenía una gran corona en el cielo, pero después Dios le dijo que le tenía una prueba más grande, pero su misión sería muy importante”.

“La misión del padre Pío no fue una misión que duró toda su vida, sino que es una misión que continúa después de su muerte.

”, afirmó Fray Tomás Chávez.

“Son muchísimas las anécdotas, milagros por la intercesión del padre Pío que los que hizo en vida.

La misión del Padre Pío continúa y eso se ve a través de los grupos de oración y de muchas personas que, a través del Padre Pío, han experimentado la cercanía de Dios”.

Otra de las cosas que distinguió al Padre Pío fue su trabajo apostólico en la confesión, pues hay muchas anécdotas que hablan de la dureza y la exigencia del Padre Pío y que incluso muchas veces negaba la absolución.

El Padre Pío tenía el don de ver las conciencias y los corazones de las personas y, hasta que no veía a la gente arrepentida o con propósito de cambio, hacía batallar a la gente, las hacía sufrir un poco para que recibieran el don de Dios.

Ésta era la razón de la dureza del Padre Pío en la confesión, pues –relató Fray Tomás Chávez– la confesión, para el santo capuchino, era todo un compromiso, pues él creía en la importancia de estar arrepentidos, de no caer en el mismo pecado y de tener la voluntad de cambiar y estar en gracia de Dios.

Cuando llegaba la absolución, el Padre Pío se ofrecía a sí mismo como víctima, incluso hay anécdotas de gente a las que les decía: “Si vieras cuánta sangre he derramado por ti, si supieras cuánto he llorado por ti”.

Confesarse con Padre Pío fue, para quienes lo vivieron, una experiencia personal, algo especial y único, pues la gente sentía que una parte del cielo se les abría a través del fraile capuchino.

“Un alma que yo he levantado, puede estar segura que no la dejaré caer jamás”, decía el Padre Pío.

Además de los estigmas, Fray Tomás Chávez también habló sobre los fenómenos místicos, aquellos dones y carismas que tenía San Pío de Pietrelcina, entre ellos el don de la bilocación, el cual –dijo- se sigue manifestando hasta nuestros días.

También destacó la ferviente devoción al Ángel de la Guarda, las visiones, revelaciones, el hecho de que podría predecir el futuro; sin embargo, independientemente de esos carismas, medios que le ayudaron a su misión que Dios le encomendó.

“Lo que el Padre Pío quiere de cada uno es que, así como somos, creamos en el llamado a la santidad”, sostuvo Fray Tomás Chávez Rodríguez.

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