Misticismo y misterio en el gran testimonio de Fe

Compartir nota

De los mil 600 participantes, fueron 600 mujeres de riguroso luto, 300 niños y el resto, varones; de éstos, cerca de 500 cargaron los pesados maderos de la cruz y se ataron al tobillo una cadena.

La capucha o el capirote, para preservar el anonimato.

Todos ellos, con el mismo pensamiento en sus adentros: dar testimonio de su fe acrisolaron durante un retiro espiritual que tomaron desde media semana.

A la medida en que se acercaba la hora, en el convento de la Cruz, un mundo de gente que iba y venía de un lado a otro.

Las primeras mujeres ataviadas de luto y al cuello la chalina con la que cubrirían su rostro, y niños del catecismo que llegaban de la mano de sus padres, cargaban las impecables túnicas.

Una hora antes de la salida, mandos de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal tuvieron la última reunión con el Padre Guardián del Templo de la Cruz Fr.

Alfonso Reséndiz y miembros de la comisión organizadora de la procesión, para afinar los últimos detalles del operativo de seguridad que mantuvieron a lo largo del recorrido.

La propia SSPM cerró a la circulación vehicular las calles que desembocan a Felipe Luna, 5 de Mayo, Pasteur, Reforma, Juárez, Ángela Peralta, Corregidora e Independencia que recorrió la procesión para regresar al lugar de partida.

Desde las cuatro de la tarde, los asistentes empezaron a tomar los mejores lugares del recorrido para presenciar el paso de la columna.

Cuando el reloj de la Cruz marcó las seis de la tarde, asomaron por el convento los primeros grupos y rápidamente ordenaron la columna que lentamente empezó a dar los primeros pasos al compás de los tambores y las cadenas que rasgaban el silencio.

El arrastrar de las cadenas y el jadear de los penitentes, conmovían a los espectadores que se apretujaban en las calles aledañas al Jardín Zenea.

Al filo de las nueve de la noche, las primeras hermandades terminaron el recorrido, cumpliendo su cometido: dar testimonio de su fe La Procesión del Silencio crece año tras año y todavía hace unos días, el Padre Guardián del Templo de la Cruz Fr.

Alfonso Reséndiz, estimaba en mil 200 que aumentó a más de mil 600 al cierre de las inscripciones.

Comentarios

comments

Compartir nota