Carrera en Querétaro
 

ACOMPAÑAN A LA VÍRGEN MARÍA EN SU DOLOR

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POR RUBÉN PACHECO FOTOS SIXTO PICONES Noticias En punto de las seis de la tarde y con la presencia de las 25 hermandades penitentes de las tres agrupaciones que conforman la procesión: La Cruz, La Piedad y Santa Ana, así dio inicio la 53 edición de la Procesión del Silencio Querétaro 2019, que partió del Templo de La Cruz La preparación previa del cuerpo y el alma de cada penitente dio resultado este Viernes santo, al momento de que decenas de personas acompañaron a los penitentes desde diferentes calles del Centro Histórico de esta ciudad capital.

Cada hermandad se distingue por el tipo y color de su vestimenta; sin embargo, la característica imperante es el silencio.

No hay cantos ni rezos como en otras celebraciones religiosas, pues todos acompañan a la Virgen María en el dolor de la pérdida de su hijo en la Cruz del Calvario.

Es visible la devoción de cada penitente, pues previamente cada uno preparó su cruz de madera, la cual arrastra por las calles emulando a Jesús.

Van descalzos, sin quejarse y en completo silencio para reforzar su luto.

No sólo van descalzos, también arrastran cadenas en sus pies.

Buscan unirse a los padecimientos de Jesús en su camino hacia el Gólgota.

En las orillas, sobre las banquetas, sólo se escuchan murmullos de los espectadores.

Asombrados admiran a los penitentes y se sorprenden del peso de la carga.

Niños, madres, padres, ancianos.

Todos miran desde las orillas, algunos desde los balcones de las viejas casonas del centro; otros, desde los cafés y restaurantes se paran de su mesa para poder obtener un recuerdo de esta tradición.

De pronto se hace una pausa en el peregrinar y los murmullos se vuelven a escuchar.

A una hora de camino, el peso de las cruces se hace más fuerte, pero nadie se queja, todos aguantan estoicos.

Consientes son de que este es un acto de piedad y contemplación, no se rinden.

Los más de mil 600 penitentes se prepararon para este Viernes santo.

Entre la muchedumbre se distingue a la hermandad de La Cruz, la cual está integrada con alrededor de 780 fieles, ahí van niños, jóvenes y adultos, quienes llevan una cruz elaborada con un árbol de mezquite.

Es la más pesada, con alrededor de 130 kilogramos.

A tras van los niños y jóvenes, quienes serán la próxima generación que cargará esa cruz, por ahora sólo llevan una pequeña, pero van contemplativos y solemnes.

Saben que la procesión del silencio es uno de los caminos para ser mejores personas.

Ya a la altura de la calle de Juárez, el cansancio es inminente, pero saben que su fatiga no es nada comparado con el dolor por las penas de la pasión y muerte de Cristo.

Las columnas de diferentes colores: negro, morado, blanco, verde y azul avanzan con sus cadenas atadas, con el peso de su cruz, pero nada los detiene.

Fueron varios días de preparación física y mental para este viernes santo.

Después de tres horas los penitentes lograron llegar a su punto final, el Templo de la Cruz.

Ahí llegaron acompañados del obispo de Querétaro, Faustino Armendáriz Jiménez.

Sin embargo, el cansancio después de tres horas de caminar descalzos y con el arrastre de las cadenas, más de uno tuvo que terminar apoyado de otro hombro; sobre todo los más jóvenes, que ante la falta de costumbre el piso caliente les generaron llagas.

Finalmente, la devoción y la fe ayudó a culminar su penitencia que año con año demuestran ante centenares de personas que se arropan en las calles de Querétaro

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