RECONOCER Y SEGUIR

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PRISCILIANO HERNÁNDEZ CHÁVEZ, CORC. La vida de Cristo Jesús, tiene una dimensión histórica, como la narran los Evangelios, de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, según sus percepciones personales, de su comunidad y de aquellos a quienes se dirige el mensaje de fondo.

Es la historia de salvación en la cima y en el cumplimiento cimero. Más allá de los hechos, existe una reflexión teológica, en su caso una teología narrativa. Estas narraciones evangélicas nos permiten aquilatar una lectura y reflexión de carácter paradigmático.

La pasión de Cristo ( Lc 22, 14- 23, 56) continúa en los que sufren; la participación en la pasión y muerte del Señor, no ha terminado. En el proceso a Jesús, todos estamos involucrados.

Por su condición humana y divina, está inmerso en la historia, pero la trasciende; sus palabras , sus y hechos y toda su vida es criterio absoluto para valorar todo comportamiento humano.

Lo que no es conforme a Cristo, está perdido para toda la eternidad. Por eso el comportamiento humano se aquilata y se valora desde Él, que es clave absoluta, la norma irrepetible, la referencialidad por excelencia.

¿Cómo contemplamos a Jesús de Nazateth? Ayer como hoy, los defensores de la rancia tradición formal y legalista, de los neoescribas y de los neofariseos, que les molesta todo cambio aunque ofendan a la santa Tradición, que es Revelación, – lo que nos ha sido entregado, -paradídomi, y que ha su vez hemos de conservar y entregar como depósito de la fe, contenidos, más que formas.

Jueces pílatistas que defienden el positivismo jurídico y propician el asesinato legal de los inocentes no natos; en ellos Jesús es condenado a muerte.

De los que defienden sus intereses ideológicos, aunque se pisotee la dignidad de la persona, se manipule la historia con el pretexto de recuperar la memoria histórica, no de los vencidos ni de los vencedores, sino la visión parcial,.

-que no histórica, de la idología del partido dominante.

Se es culpable, y se recibe la exhoneración de ininputabilidad por conveniencia política, queda libre Barrabás, y se procesa y condena al inocente.

O somos de la chusma que sigue de cerca, sin compromiso, en la cual se agitan los sentimientos de triunfos con “hosanas” entusiastas; víctimas de la manipulación, hasta llegar a vociferar “crucifícalo”.

Ojos que miran a Cristo, a ese Cristo que sigue padeciendo en el inocente maltratado, en el miserable que no tiene ni comida, ni bebida, ni hogar.

Cristo sigue padeciendo en la humanidad condenada porque no sigue lo políticamente correcto.

Reconocer hoy a Cristo que continúa su vía dolorosa en los pobres, en los abatidos, en aquellos que están solos, en los rechazados.

“Lo no asumido, no ha sido redimido”, dicho de los Padres de la Iglesia, particularmente de san Ireneo de Lyon, no solo la naturaleza humana completa, sino podríamos decir, los diversos momento de pena que padecemos: abandono, soledad, rechazo, traiciones… por esas situaciones pasa Jesús, asume estas nuestras debilidades humanas y nuestras situaciones límite,- menos el pecado.

Reconocer a Cristo Jesús mirándolo en sus imágenes, sí, pero sobre todo en las especies de los más pobres y vulnerables.

Eso es reconocerlo en ellos y seguirlo “por amor, con amor, en el amor”, según Amedeo Cencini, sin perder la visión de conjunto, teniendo en cuenta que la Cruz, tiene un antes prefigurado en el evangelista del A.T.

Isaías ( Is 50, 4-7) y en el salmón 21; tiene un ahora, que conmemoramos en la celebración del Víernes Santo; tiene un después, que llega hasta nosotros.

Por eso podríamos hacer nuestras las palabras de Boenhoeffer,-téologo protestante asesinado por los Nazis: “En la encarnación reconocemos el amor de Dios por su criatura. En la crucifixión el juicio de Dios sobre toda carne. En la resurrección la voluntad de Dios de suscitar un mundo nuevo”.

La Cruz está en su nacimiento: nació para morir; la Cruz está presente como una sombra en toda su vida y como una realidad lacerante en su pasión y muerte; la Cruz, está presente en su dimensión gloriosa por su resurrección.

“¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para así entrar en su gloria?”( Lc 24,26).En el seguimiento se tiene la seguridad de triunfar con Él: “…Si hemos muerto con él, viviremos con él.Si somos constantes, reinaremos con él.” ( 2 Tim 2, 11 b- 12a ).Luego, reconocerlo y seguirlo

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