TÚ ERES MI HIJO

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PRISCILIANO HERNÁNDEZ CHÁVEZ, CORC. Existen heridas afectivas en las personas iniciadas en edades tempranas o en otros momentos, pero al fin, daños que provocan comportamientos erráticos, de agresión, de violencia o de dependencia afectiva.

Se pueden observar una cadena de heridas en las historias personales, que a la menor provocación afloran en complejos de inferioridad o de superioridad, en depresión o en llanto amargo.

Esa es la fragilidad y la vulnerabilidad de personas carentes de equilibrios emocionales.

En el fondo no se han sentido hijos amados.

Esa posibilidad de recibir amor en su vertiente afectiva, simplemente no se ha dado y erigen un muro frío de separación y de aislamiento.

Qué saludable es detenerse en el silencio de una iglesia, acercarse a la pila bautismal y pensar,-si fuere el caso, aquí se nace a la vida de Dios; aquí Dios Padre me dice a través de las visibles aguas bautismales, la pila seno de la Madre Iglesia: “Tú eres mi hijo amado, hoy te he engendrado”; palabras que el Padre Dios las dijo a su Hijo amado en las aguas del Jordán en compañía del Espíritu Santo en forma visible de paloma (Lc 3,15-16.21-22).

Ahí se da su entronización mesiánica, para que las aguas en virtud de la pasión, muerte y resurrección de Jesús tuvieran la eficacia por el ministerio de la Iglesia y la acción del Espíritu Santo, de trasmitir y prolongar esa su filiación en cada bautizado.

“Tú eres mí hijo, en mi Hijo Jesús, hoy te he engendrado”; una generación que no cesa, salvo por el rechazo de la filiación provocando la ruptura de comunión causada por el pecado.

Pero la generación que produce el Padre es eterna en su Hijo y para nosotros con esa constancia que permitamos, hasta sentir perpetuamente en el misterio,-en la mística, que estamos siendo engendrados ahora, en un presente continuo e inacabable.

Esa maravilla de modo simultáneo me hace ser hijo y ser engendrado también en misterio por la Virgen Santísima y por la Iglesia mi Madre.

Nuestro sometimiento a la sucesión del tiempo lo hace impensable.

Fui bautizado en una fecha determinada y ya, es historia pasada; pero respirando eternidad en el Espíritu Santo, podemos emerger a esta vida divina real y de una vinculaculación dinámica en las Divinas Personas y en la comunión con Santa María Madre y de todos los Santos.

El peso de la vida sometida a una agenda de actividades, a veces no me permiten esa posibilidad saludable, gozosa y salvífica.

Cuando la carga es grande, sumergirse en oración y contemplar este instante eterno, -théiosis, de divinización, cambia perspectivas y aligera el peso de los problemas de la vida.

Esa palabra del Padre Dios “tú eres mi hijo amado, desde antes de que estuvieras en el seno materno te conocí y te he llamado a participar de mi ser de amor constante de Padre por toda la eternidad, ya desde ahora, por tu bautismo”.

Palabras que resuenan dulce y misteriosamente en las paredes de mi interioridad más íntima.

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