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“Visiones de la muerte en el mundo” honra a la muerte

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Notimex La exposición “Visiones de la muerte en el mundo”, que continuará hasta febrero en la Antigua Sala de Monolitos del Museo Nacional de las Culturas del Mundo (MNCM), en esta ciudad, representa a la muerte de la manera en que lo hacen distintas culturas.

Conformada por 130 objetos que se dividen en fotografías, altares y piezas históricas pertenecientes al recinto museístico, la muestra acerca a los visitantes a la percepción que se tiene de la muerte en Egipto, Mali, China, Corea, Japón, Papúa Nueva Guinea, México, Perú y Haití, entre otros países.

La exposición, dividida en nueve módulos temáticos, empieza en Egipto faraónico, donde se exhibe la réplica del sarcófago de Henekuhetepet, sacerdotisa cantora del dios Amón, de manera tallada, estucada y policromada.

También se encuentran las reproducciones en resina, yeso y pigmentos de ocho esculturas vinculadas con la muerte como Thoth, Sobek, Osiris y Anubis.

La segunda sección está dedicada al rito funerario “dama”, el último adiós a los difuntos, entre la cultura Dogón, cuyas máscaras awa son el elemento central de las grandes ceremonias funerarias de nombre “dama”.

Se celebran cada dos o tres años al terminar la temporada de cosecha.

Los participantes usan máscaras que representan animales mitológicos cuya función es separar el espíritu de los muertos del mundo de los vivos.

En el apartado tres se encuentra expuesta la cultura China y en ella se aprecian dos piezas que ilustran la imagen “La Rueda de la Vida” pintura sobre seda, cuyas ilustraciones basadas en las enseñanzas budistas representan a Yama, una iracunda personificación del Señor de la Muerte, así como 12 escenas que aluden al ciclo de vida, desde el nacimiento hasta la vejez y la muerte.

La segunda obra es una placa de metal labrado que incluye a los 12 animales del zodiaco chino, los ocho símbolos auspiciosos o de prosperidad budista y, en el círculo central, tres animales que representan los “tres venenos”, se informó en un comunicado.

La muestra continúa con la recreación del ciclo funerario “malanggan”, una segunda muerte que se realiza en Nueva Irlanda.

Las esculturas y máscaras son talladas en madera, tejidas con vainas y fibras o modeladas con arcilla, y se pintan.

El quinto segmento está dedicado a El Obonfestival de los difuntos, en Japón, donde se colocaron estampas del siglo XVIII y XIX, llamadas ukiyo-e, así como un óleo sobre tela con la representación de un personaje femenino del teatro Noh.

En el sexto módulo, dedicado a La muerte jocosa, en Haití, se montó un altar dedicado a Barón Samedi, que en la cultura Vudú de Haití es el espíritu principal de los muertos.

Los elementos que aparecen son botellas de ron, cigarrillos y una cruz de hierro que representa las encrucijadas de los caminos entre “el más allá” y el mundo material.

En la conmemoración de los difuntos en Perú (módulo siete), destaca la instalación de un momia original Inca y su fardo funerario del periodo 1545, aproximadamente.

Por su parte, la octava sección está dedicada a la festividad indígena dedicada a los muertos, proveniente de México.

En ella fue instalado un altar tradicional compuesto de siete niveles.

El recorrido finaliza con Chuseok, festejo para los antepasados en Corea, una fiesta nacional basada en el calendario lunar que se realiza al término del verano y en el levantamiento de la cosecha.

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