CLAUSURA FAUSTINO ENCUENTRO MUNDIAL DE LOS CURSILLOS

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Noticias En la Basílica de N u e s t r a Señora de Guadalupe, el o b i s p o F a u s t i n o Armendáriz Jiménez, presidió la misa de clausura del Organismo Mundial y de los Grupos Internacionales del Movimiento Cursillos de Cristiandad.

En su mensaje, el prelado expresó que con alegría y con mucha devoción, después de haber terminado estos tres días de intenso trabajo y reflexión en la Diócesis de Querétaro, quisieron ir a este Santuario Nacional para encontrarse con la “Morenita del Tepeyac”, y depositar en ella, las intenciones y necesidades.

Al mismo tiempo consagrar a su Inmaculado Corazón, todo el ser y quehacer del Movimiento Cursillos de Cristiandad, presente en los cinco Continentes.

Compartió que es aquí donde Santa María de Guadalupe, aquel 12 de diciembre de 1531, se le apareció al Indito Juan Diego y le pidió que le edificara su “casita sagrada”, donde Ella, pudiese manifestar todo su amor y su mirada tierna y compasiva Es aquí, donde desde aquella fecha hasta nuestros días, su Imagen bendita, pintada por el dedo de Dios, acoge, bendice y consuela el corazón, la vida y el alma de tantos y tantos peregrinos.

Es aquí donde aquella mañana de diciembre le dijo a San Juan Diego: “Escucha, ponlo en tu corazón, hijo mío, que no se perturbe tu rostro y tu corazón.

¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuete de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto? En el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa? En este contexto y de manera muy providencial en esta circunstancia, también hoy viene a nuestro encuentro, porque quiere repetirnos aquellas mismas palabras que le dijo a los sirvientes: “hagan lo que él les diga” ¿Qué es lo que el Señor nos dice que hagamos hoy?, inquirió.

Explicó que el Evangelio relata la curación de un sordomudo por parte de Jesús, un acontecimiento prodigioso que muestra cómo Jesús restablece la plena comunicación del hombre con Dios y con los otros hombres.

Dijo que el milagro está ambientado en la zona de la Decápolis, es decir, en pleno territorio pagano; por lo tanto, ese sordomudo que es llevado ante Jesús se transforma en el símbolo del no-creyente que cumple un camino hacia la fe.

En efecto, agregó.

, su sordera expresa la incapacidad de escuchar y de comprender no sólo las palabras de los hombres, sino también la palabra de Dios.

La primera cosa que Jesús hace es llevar a ese hombre lejos de la multitud: no quiere dar publicidad al gesto que va a realizar, pero no quiere tampoco que su palabra sea cubierta por la confusión de las voces y de las habladurías del entorno.

Manifestó ´que se evidencian después dos gestos de Jesús.

Él toca las orejas y la lengua del sordomudo.

Para restablecer la relación con ese hombre «bloqueado» en la comunicación, busca primero restablecer el contacto.

Pero el milagro es un don que viene de lo alto, que Jesús implora al Padre; por eso, eleva los ojos al cielo y ordena: «¡Ábrete!».

Y los oídos del sordo se abren, se desata el nudo de su lengua y comienza a hablar correctamente.

El prelado puntualizó que la enseñanza que sacamos de este episodio es que Dios no está cerrado en sí mismo, sino que se abre y se pone en comunicación con la humanidad.

Este Evangelio, comentó, nos habla también de nosotros: a menudo n estamos replegados y encerrados en nosotros mismos, y creamos muchas islas inaccesibles e inhóspitas.

Incluso las relaciones humanas más elementales a veces crean realidades incapaces de apertura recíproca: la pareja cerrada, la familia cerrada, el grupo cerrado, la parroquia cerrada, el movimiento cerrado Y esto no es de Dios.

Esto es nuestro pecado.

Al referirse al ser y quehacer del Movimiento Cursillos de Cristiandad, dijo que este evangelio es de gran enseñanza, pues nos está dando la clave para continuar con nuestra misión.

Sólo así, como nos enseña el Papa Francisco: “El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra.

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