Celebración de la Confraternidad de Operarios del Reino de Cristo

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POR P. PRISCILIANO HERNÁNDEZ CHÁVEZ CORC.

(II PARTE) La Virgen, conquistó su corazón para dar a conocer la misión de ser la Madre de todos, a través de su hijito san Juan Diego.

Idilio de amor de Madre y de amor de hijo.

Ese encuentro es acontecimiento que habrá de repetirse en esa interrelación de la Madre con cada hijito.

Con cada uno de sus devotos, con cada Operario.

Aquí está la clave de la vida, de la Confraternidad y de toda persona que vuelve a nacer desde la mirada, la palabraaliento del corazón de la Virgen Santa María de Guadalupe.

Este es san Juan Diego, icono del hijo amado y del testigo del amor de “Notecuiyoé-Patroncita- Dueña mía”, Cihuapillé- Niña Mía” y de “ No c i p o c h t z i n é -Mi Muchachita-Mi Virgencita”.

Este encuentro es nuestra verdad, es nuestro camino, es la luz de la vida y su sentido.

Pudiera ser que nos encontremos como el tío-padre Juan Bernardino, enfermos por los desalientos, las penas morales o las propias debilidades y vulnerabilidades.

Ella nos acoge y nos sana para que el Espíritu despliegue toda su fuerza en nosotros, para continuar nuestra condición de discípulos y misioneros de Jesús y de esta Nuestra Madre, para edificar la civilización del amor, el Reino de Cristo, el Templo pedido por Santa María, aquí en este lugar, con otros hermanos, en colaboración sincera, franca y sobreabundante con nuestros padres-obispos, y con Pedro, que hoy es nuestro amado Papa Francisco, cum epischopo et sub episcopo, cum Petro et sub Petro.

La Virgen de Guadalupe en Perspectiva de Códice Mesoamericano.

Hemos de considerar “Amoxtlalpan”, es decir, “ tierra de libros”, la tierra del libro que Dios ha escrito, como Tlacuilo divino, tomando de nuestros magueyes, su amatl, para dejarnos a Santa María de Guadalupe en el Tepeyac; la Virgen de Guadalupe es nuestro Amoxcalli, la casa de nuestro libro.

En su Imagen tenemos las cuentas del tiempo, la totalidad de las cosas divinas.

En ella evocan las actuaciones divinas y el destino los mexicanos y toda la humanidad.

Leer este códice divino-“teoamoxtli”, significa adentrarse en el mundo de la imagenpalabra, de la palabra-imagen.

Tiene su condensado simbólico en su tramado significativo.

Cada quien se acerca al códice divino y desde su propia experiencia lo lee.

Después se puede tener otra vivencia y una mayor profundización.

Los lectores no solo “contemplan”, sino “escuchan” lo que ven.

Se constituyen en “amoxohtocah”- es decir, cada uno discípulo que sigue el camino marcado por este amoxtlicódice divino.

Aquí se encuentra el “tonalpohualli”, la orientación de nuestro destino; aquí está nuestro teotlamatiliztli, nuestro saber divino.

Ella es nuestro Xiumatlnuestra peregrinación orientada con su Luz, como nuestro Sol, el caminar del Sol, que es Ella para nosotros con Jesús-Sol, porque ella se vistió del Sol y el Sol se vistió de Ella.

A través de la Flor Santa María, Dios estará en nuestro corazón, “enyotéotl”; “yóteotl”, con este corazón elevar a lo divino las acciones, porque ahí se ha dialogado en el encuentro de interioridades con la Madre y con Dios, cuya portadora es Ella.

Será el Tepeyac, “Tlatoloyan”, “el lugar donde es realidad la palabra” y se inicia la historia, la tradición y el sentido de la vida.

Con Ella, el Evangelio y nuestros sacerdotes, se tiene que realizar el “neyolmelahualiztli”, “acción de enderezar el corazón” para promover la patria, hogar de todos, la Confraternidad, “Cencalli”; Ella es nuestro Cencalli, la Casa de todos.

En Ella tenemos nuestro “Temicámatl”, el libro de nuestros sueños; nuestro “Cuicámatl”, el libro de nuestros cantos, y para todas las generaciones nuestro “Huehuetlatolli,” la antigua palabra, que tiene la frescura del aquí y del ahora, del cielo: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?” Construye con el Obispo, mi Casita Sagrada.

Sé tú también un libro divino, un “teoamoxtli”, un “tlacuilo,” que llenes de color de amor tu ámbito familiar y social, la Confraternidad, la Iglesia.

En una palabra, sé Operario del Reino de Cristo.

En el Padre Enrique, tenemos una huella a seguir, un carisma a vivir.S,E.M.

Luis Morales Reyes expresó,- en el prologo del libro sobre el “Padre Enrique Amezcua, Hablan sus Hermanos”: “me atrevo a decir que la clave de la lectura de este libro es el amor sacerdotal: una vida entregada, ofrecida, desgastada hasta la muerte a favor de las vocaciones sacerdotales; una vida excepcional y quizá única en su tiempo, en este país” (pág 9).

Cito unas palabras de la Introducción de este libro que nos iluminan en este momento: “En momentos difíciles como los que vivimos actualmente, donde se ha perdido gran parte de las grandes figuras como elementos de identificación… Nuestro Fundador como una persona privilegiada por Dios, dotado de una espiritualidad y lucidez que va más allá de lo común… acercarnos a su vida y obra, lo que permitirá vivir más intensamente el espíritu de entrega sacerdotal que él vivió, así como los afanes intensos que siempre tuvo en su corazón, entre los que se encuentran: el amor a Cristo, a María y a la Iglesia, el trabajar por las vocaciones sacerdotales, el dar sacerdotes a la Iglesia, el fomentar la vida comunitaria entre los sacerdotes…” (o.c.p.9).

Termino, con esta oración del Papa emérito Benedicto XVI: “Oh Padre, haz que surjan entre los cristianos numerosas y santas vocaciones al sacerdocio, que mantengan viva la fe y conserven la grata memoria de tu Hijo Jesús mediante la predicación de tu Palabra y la administración de los sacramentos con los cuales tú renuevas continuamente a tus fieles.

Danos santos ministros, custodios de la Eucaristía, sacramento del don supremo del mundo.

Llama ministros de tu misericordia que, mediante el sacramento de la Reconciliación, difundan la alegría de tu perdón.

Haz, oh Padre, que la Iglesia acoja con gozo las numerosas inspiraciones del Espíritu de tu Hijo y que dóciles a sus enseñanzas, se tenga cuidado de las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada.

Apoya a los Obispos, los Sacerdotes, los Diáconos, los consagrados y a todos los bautizados en Cristo, a fin de que cumplan fielmente su misión al servicio del Evangelio.

” “Sagrado Corazón de Jesús Perdónanos y sé nuestro Rey; Santa María de Guadalupe, bendice a tus hijos para que venga a nosotros y por nosotros el Reino de tu Hijo Jesucristo”.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor”.

Amén.

Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, a 3 de septiembre del 2018.

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