EMOTIVO ADIÓS AL PADRE JOSÉ FÉLIX CANO RIVAS

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POR MANUEL PAREDÓN Noticias El sentido fallecimiento del apreciado sacerdote J.

Félix Cano Rivas, consternó a la Iglesia diocesana, particularmente a la comunidad parroquial de Amealco, donde era residente.

En la parroquia de Santa María, de aquella población el obispo Faustino Armendáriz Jiménez, presidio la Misa de Exequias en memoria y por el eterno descanso del religioso que a los 75 años de edad falleció tras penosa enfermedad.

Concelebró con el prelado gran parte del Presbiterio Diocesano, y se contó con la asistencia de incontables fieles provenientes de las distintas parroquias en las cuales el P.

Félix ejerció su ministerio sacerdotal.

En el momento de la homilía Mons.

Faustino, dijo: “Con la esperanza puesta en el cielo nos hemos reunido esta tarde para ofrecer a Dios en sacrificio de su hijo Jesucristo, en favor de nuestro querido hermano el padre Félix Cano Rivas, que después de una larga enfermedad ha dejado ya esta tierra para presentarse así ante su Señor, y poder continuar celebrando junto con él la Pascua gloriosa de la Resurrección en la eternidad”.

Indicó que en estos momentos tan solemnes para la vida de nuestro presbiterio y de esta comunidad cristiana, nos anima y nos fortalece el hecho de saber que quienes dejándolo todo por el reino de los cielos heredarán la vida eterna.

Así lo hemos escuchado en la palabra de Dios que acaba de ser proclamada; Jesús responde a la pregunta muy humana de Pedro ¿Señor qué nos va a tocar? responde: yo les aseguro que ustedes, los que me han seguido se sentarán en doce tronos para las 12 tribus de Israel, explicó.

Esa, afirmó, es la promesa de Jesús a quienes se han decidido por la causa del Reino.

Sin duda que el sacerdote es un ícono de esta forma de vida, al iniciar su ministerio así lo exigen dejarlo todo, para seguir al Señor es el camino que el Señor nos propone, dejarlo todo para seguirlo a él, tiene el premio de la vida eterna; cuando ésta se realiza.

Rememoró que de todas esas cosas el padre Félix fue convencido, pues sin duda que desde aquel 30 de mayo de 1943, cuando sus padres le dieron la vida, hasta el día de ayer cuando murió, toda su vida estuvo marcada por el deseo constante de ser un hombre de Dios y llegar al cielo.

Dijo estar seguro que también su ministerio sacerdotal desde aquel 27 de julio de 1978, cuándo fue ungido sacerdote por manos del Excmo.

Señor Arzobispo de Santa Fe, Mons.

James Peter Taires, hasta su última oración sacerdotal, su misión evangelizadora estuvo siempre orientada en anunciar, que a quienes hemos sido redimidos por la muerte de su Hijo, por su misma voluntad soberana nos llama a participar de su gloriosa resurrección.

Monseñor Armendáriz Jiménez pidió a Dios que “reconozca en él a su Hijo Jesucristo, el gran sacerdote que se entregó hasta dar la vida por los demás, de manera que recibiendo el premio de los justos igualmente le haga sentar a su derecha, y nosotros que lloramos su muerte nos consuele la esperanza plena de saber que un día junto con él, cantaremos eternamente la misericordia del Señor”.

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