LA DESCONOCIDA Y MISTERIOSA LEYENDA DE LA CASA DEL INQUSIDOR

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POR JAIME ZÚÑIGA BURGOS La construcción de esa propiedad, se hizo notar desde que se inició, –allá a mediados de los años 700–, cuando por esos rumbos sólo existían antes las antiguas “Casas Consistoriales”, donde despachaba el alcalde de Querétaro, y que hoy son conocidas como el “Portal de Balderrama”, las que se habían cambiado por esos días a la Plaza Mayor, a lo que la gente le decía “Plaza de Armas”.

Por ese entonces, la ciudad no llegaba a esos rumbos del río, y fue cuando un sacerdote –el bachiller Francisco de Lepe– se empeñó en construir muchas casas con iguales características, que dieron trazo a una calle nueva, que continuaban desde la casa curial de la iglesia de los padres jesuitas, conocida como Parroquia de Santiago a la otra esquina, para el norte.

A esta calle –hoy Prospero C Vega y 15de Mayo– la que a su constructor le llevó varios años terminar, se le conoció con el nombre de “Calle de Lepe”, la que él se empeñó en llamar “Calle Nueva del Salvador” como un acto justificatorio por la magnitud y lo inocultable de la obra, y en la acera de enfrente a este conjunto de las nuevas casas, –siendo en la parte plana del terreno–, decidió levantar una gran mansión, la que seria digna de tan distinguido señor.

Desde sus cimientos, no se escatimó gasto alguno, y cuando apenas se iniciaba, fueron cavados túneles, que simulando que serían para la conducción de las aguas de la Acequia Madre que por ahí pasaba, el propósito sería muy diferente al ser destinados para espacios y pasadizos ocultos, que daban forma a dos grandes cuartos con un acceso secreto, el que se encontraba a un lado de en dónde estaría la escalera principal.

Muy numeroso fue el personal que trabajó en la construcción durante más de dos años de manera continua, el requerido para levantar los gruesos muros de cal y canto, y así, paso a paso, fueron dando forma a tan amplia y sólida construcción, dirigida escrupulosamente y sin improvisaciones, por su propietario, hasta terminar sus sótanos, la planta baja, su entre suelo, la planta alta con sus corredores y amplias habitaciones, también como era personaje devoto, una capilla, el espacio suficiente para sus carruajes y sus caballerizas para sus bestias.

Con rincones misteriosos y enigmáticos, en donde quedó grabada misteriosa simbología de belleza incomparable, en los pequeños detalles de ornamentación.

Con su caprichoso jardín y fuente en la planta alta –algo pocas veces visto– y su señorial escalera bien trazada y ornamentada con su león de cantera que formaba parte de su heráldica, la que insinuó en un escudo nobiliario.

La belleza rodeada de misterios, acompaña también a la no menos bella escalera que conduce al entre suelo en el patio posterior.

Al construirse esta casona, en la parte baja y más alejada de la Calle Nueva -hoy Próspero C.

Vega- con seguridad su dueño, tenía un propósito defensivo, el que se puede notar en su diseño de auténtica fortaleza.

Sus recios muros, su reforzado y amplio portón, sus troneras y almenas, servirían para resguardo en el punto más cercano y vulnerable, que por entonces significaban los ataques de un grupo de pobladores del barrio más problemático, en donde habitaban los que se conocían como “los encuerados de San Sebastián” en el otro lado del río, conocido como “La Otra Banda” que se comunicaban fácilmente cruzando el puente colorado, a unas cuantas varas de distancia de las propiedades del bachiller Lepe.

Por la disposición de las casas vecinas, que se extendían por toda una cuadra y daban vuelta hacia el oriente, ocupando media manzana.

Todas ellas con un medallón de cantera y con las mismas características, que podía fácilmente conjeturarse, de que fueron construidas para ser ocupadas por religiosos, ya que los terrenos eran de los que fue dotada La Parroquia de Santiago ¿A caso substraídos indebidamente de la propiedad original? En un poco más de dos años de trabajos y la gran casona ya era ocupada por su propietario, quedando marcada con el número “10” de La Calle Nueva o Calle de Lepe, el que era un distinguido sacerdote de reconocida presencia, y como la representación del tribunal del Santo Oficio, se otorgaba a personajes de prestigio y notoriedad, –y desde luego con solvencia económica–, fue por lo que el bachiller Francisco de Lepe, fue distinguido con ese cargo de representante del Tribunal del Santo oficio en la ciudad, lo que lo hacía El Inquisidor en Querétaro.

Muy poco se conoce de la vida de este señor, y de ¿cuándo abandonó este mundo? pero su notoriedad se debió a su poder religioso y económico, que le permitió la construcción de varias decenas de casas y de la gran construcción, que con los años acumularía tanta historia.

Esta casa y todas las demás del mismo propietario, daban nombre a toda una calle conocida como la Calle del Lepe.

Desde principios del siglo XVIII, –a mediados de los años 700–, el clero recuperó las casas, y al llegar las Leyes de Reforma, la mayoría de ellas quedaron ya en otras manos, incluida la Casa del Inquisidor al ser reclamada por sus descendientes, quienes con franca codicia, lograron tenerla por algún tiempo, no estando ajenos a padecer algunas desgracias que fueron atribuidas a cierta maldición que se decía de la misma casa, y a su carga de energías negativas y malos espíritus, producto de su financiamiento con dinero de los diezmos y de su construcción en terrenos propiedad de la parroquia.

Recuperada años después, la casa regresa como bien propiedad de la Mitra y se dedica a escuela de artes y oficios, posteriormente a refugio de mujeres arrepentidas y escuela de señoritas, a cargo de unas monjas irlandesas, y es en este tiempo, en el que una de las hermanas, refería, ¡que una figura misteriosa se le aparecía por el patio posterior!– junto a la escalera que conduce al amplio entre suelo– por donde está el león de piedra en el muro del barandal-.

¡Nunca! nadie más ha referido la aparición de aquella figura extraña que vio la hermana irlandesa.

Nadie vio después aparición alguna, o escuchó voces o ruidos de cadenas al arrastrarse, como se refiere de otras casas, pero existe en esta casa algo de mayor presencia, por lo inexplicable y la extraña sensación que produce.

Se trata de eso, de una sensación de algo sobrenatural, que quienes lo han vivido, no lo pueden explicar.

¡Es la presencia de algo o alguien que está muy cerca! Muy cerca de quien la percibe, y que al sentirla en contacto con el cuerpo, no se puede precisar en donde está ¡pero ahí está! No se ve nada, no se escuchan ruidos extraños ni se azotan puertas o ventanas de manera inexplicable, ¡Pero la presencia ahí está!….

¡Muy cerca! Y esa sensación tiene algo de amenaza, de peligro, algo inexplicable ¡pero presente! ¿Qué es eso que ahí se siente? y ¿por qué se presenta de esa manera tan extraña esa energía? Tan extraña, que da la impresión de un intento de susurrar algo al oído, algo, que al más valiente le eriza la piel y le hace voltear para ver quien le sigue.

¡No se sabe qué es!…..

Pero ahí está eso tan extraño.

Esto se siente con mayor intensidad, al pasar cerca de la higuera, esa planta que la tradición guardada, remonta su origen, a la casa del primer mártir mexicano, en donde vivía con sus padres Don Alfonso de las Casas y Doña Alicia Martínez, y en 1572.

al ser martirizado Felipe de Jesús, la higuera de su casa se tornó en una reliquia viviente, y el padre Lepe obtuvo un retoño, que al sumarse con el árbol de las cruces que está cercano a unos cuantos pasos, hacen de este espacio del patio, el lugar más cargado de espiritualidad de la casa, y de mayor misterio, y la capilla está muy cercana, separada por la fuente cargada de simbolismos, de la que corren otras historias referentes a inexplicables figuras y sonidos de sus aguas al caer.

Flota en el aire la pregunta ¿Será el bachiller Lepe que anda penando? Y ¿Por qué andaría penando?….

¿Se tratará acaso de otros espíritus que están atrapados en la gran casona, de la que mucho se ignora de su historia?….

¿Algo tendrán ocultos sus túneles y sótanos? porque en la habitación que servía de recámara principal, existe una salida secreta, por una puerta oculta a la que conduce una angosta escalera.

¿Qué temería su dueño para tomar todas estas precauciones? En años recientes, buscando un tesoro –como se estila en estas casonas– se localizó, junto a la escalera principal, una puerta disimulada bajo las losas del piso, la que a través de una escalera, conduce hacia un pasillo subterráneo rumbo al patio posterior, y explorando ambos lados del pasillo, se encontraron dos amplios espacios terminados a detalle como para ser habitados.

En esos años, corrió insistente rumor del hallazgo de dos esqueletos, con restos de sus ropas muy antiguas, que en actitud de estar abrazados, habían sido ¡sepultados vivos en una pared! Mucho se ha dicho y mucho se dirá, de los misterios de esta imponente construcción, y que no por sombría, deja de ser una muy bella casona.

Pero lo único inexplicable hasta este día, es la misteriosa presencia de esa sensación tan extraña, ¡que casi quiere hablar al oído de los visitantes! Presencia que se siente sin importar la hora del día, y sin otra señal previa, presencia que solo viviéndola se logra sentir, pero que es muy difícil de describir, además del escalofrío que corre por todo el cuerpo ¿Qué nos querrá decir? ¿Será acaso el inquisidor? ¡Quien lo sabrá! Pero si lo dudan….

visiten la casa al atardecer… les aseguro que ¡no lo olvidaran jamás! Por lo que a mí respecta, solo tengo una duda, ..

¿en dónde escondería sus joyas mi amiga María Laura, –ultima propietaria de la casa—cuando un tiempo antes de morir, comentó que la habían robado, pero que sus joyas buenas, las tenía en un lugar que nadie encontraría.

¡Un misterio más para la larga historia de esta casa!

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