REFLEXIÓN: PAN DE CADA DÍA O LOS IDEALES

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PRISCILIANO HERNÁNDEZ CHÁVEZ, CORC.

En la historia del pensamiento se han dado bandazos: valorar más la materia que el espíritu.

El platonismo recalcaba más el mundo de las ideas; incluso consideraba el cuerpo como la cárcel del alma.

El conocimiento como un recuerdo de una contemplación anterior del mundo de las ideas subsistentes y eternas.

Ese mundo era el verdaderamente real.

Con Aristóteles se busca la integración de cuerpo y del alma espiritual, porque las plantas y los animales tienen alma o aquello que es su principio vital inmanente.

En el nivel del conocimiento establece su línea epistemológica: de lo sensible se pasa a lo inteligible.

No hay nada en la inteligencia que no haya pasado primero por los sentidos.

Así establece el realismo como postura filosófica.

Con el paso del tiempo se han dado mayores matizaciones o también se ha caído en los extremos de materialismo, pragmatísmos, o por el contrario en el idealismo de diversa orientación hasta los subjetivismos, sin olvidar la postura kantiana la cual establece que las formas de la subjetividad humana determinan la realidad y que la realidad en sí no puede ser conocida, salvo los fenómenos.

Por eso es importante mantener el equilibrio de la realidad y del conocimiento.

Valorar lo inmanente y lo trascendente, el “pan de cada día” como “venga a nosotros tu Reino, el Reino de Dios, el Reino del Amor, el Reino de la Vida, de la Verdad y de la Justicia.

Ser prudentes: no cambiar la ética por la historia, bajo el influjo hegeliano.

Para esta postura lo que vale es el ahora.

Cierto,los avances en la tecnología, no pueden ser despreciados.

Pero un homicido desde Caín hasta nuestros días, es un crimen, como la mentira , los excesos de los dictadores y de las leyes injustas pues pisotean la libertad, la vida y, por ende, la dignidad de toda persona humana; serán siempre un atentado.

No se puede sostener que antes si eran crímenes pero ahora no.

Esta postura además de insensata es carente de la ética más elemental.

La conciencia espontánea de cualquier persona sabe distinguir lo bueno de lo malo.

Ya el mismo Sócrates, llega a la existencia de Dios por la existencia de la conciencia moral.

En esa línea irá Kant cuando justifica la existencia de Dios en la “Crítica de la Razón Pura” en virtud del imperativo categórico, presente en todo ser humano.

Integrar los valores de la corporeidad y del espíritu; somos espíritus encarnados.

Así “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” como nos enseña Jesús (Mt 4,4).

El egoísta atrapado en las redes del hombre viejo de pecado, no aspira a los ideales de la bondad, de la verdad, de la justicia y de la belleza.

San Pablo en la Carta a los Efesios nos invita a “…abandonar su antiguo modo de vivir, ese viejo yo, corrompido por deseos de placer.

Dejen que el Espíritu renueve su mente y revístanse del nuevo yo, creado a imagen de Dios, en la justicia y en la santidad” (Ef 4, 17.20-24).

Además en el camino de la vida necesitamos saciar nuestra hambre y nuestra sed, cuyas apetencias son de infinito.

Solo Aquél que es el Pan de la Vida nos puede saciar del todo.

Quien me coma vivirá por mí, dice el Señor; “mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”, (Jn 6, 51) así como Palabra y como Eucaristía.

Pan que es carne y su carne que es el Pan de la vida.

Trabajar por el pan de cada día, el vestido y el sustento, sin olvidar los ideales con la orientación trascendente: la verdad y la vida, el amor como donación de sí; que la persona llegue a ser don de sí, como Jesús, para gloria del Padre y bien de todos los humanos.

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