ABUELITA PEREGRINA VISITA QUERÉTARO

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POR ENRIQUE ZAMUDIO

FOTOS MIGUEL CRUZ

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Sobre el dorso de su chaleco reflejante lleva la imagen de la Virgen de Guadalupe.

“Soy una peregrina”, dice una leyenda escrita en la espalda.

Un gorro explorador de Fátima cubre un rostro de huellas centenarias que, detrás de unos viejos anteojos, atesora una tierna mirada azul que ha inspirado a millares de personas.

Se trata de Emma Morosini, mejor conocida como “La Abuelita Peregrina”, una mujer de origen italiano de 94 años que, por cuarta vez en su vida, recorre a pie un periplo de casi un millar de kilómetros con destino a la Basílica de Guadalupe en el Tepeyac.

La mañana de este viernes, la Abuelita Peregrina hizo una parada en Querétaro, donde pasará unos días antes de retomar el peregrinar hacia la Ciudad de México.

Sobre su pecho pende una pequeña cartulina con su nombre: Emma Morosini, Italia, y una serie de números telefónicos con diferentes claves de larga distancia, personas de diversas partes del país que le han ofrecido ayuda en este kilométrico peregrinar.

Con una franca sonrisa, Emma Morosini charla sobre este peregrinar que comenzó hace 24 años y que hoy, a sus casi cien años, la trae por cuarta vez a México para postrarse ante los pies de la Morenita del Tepeyac.

Emma Morosini ha peregrinado a Fátima, Siracusa, Aparecida, Loreto, Jerusalén, entre otros santuarios marianos.

Incluso, en abril del 2015, la Abuelita Peregrina saludó al Papa Francisco, quien la abrazó y le dijo: “Eres una campeona”.

Gratitud por la vida fue lo que motivó a Emma Morosini a peregrinar.

Tenía una enfermedad grave.

Los médicos le decían que su vida estaba por terminar y que era muy grave su situación.

Sin embargo, con un profundo fervor mariano, rezó a la Virgen y pidió que la salvara.

Después de una importante intervención quirúrgica y luego de estar con salud estable, Emma Morosini decidió emprender el peregrinar, sin nunca haber caminado, ni saber cómo protegerse.

Su primera peregrinación fue a Lourdes, Francia, pueblo ubicado a 1350 kilómetros desde su natal Castiglione delle Stiviere, cerca de Milán.

“Yo comencé en Francia, en Lourdes, parecía que yo no podría sobrevivir.

Tengo 94 años cumplidos, porque yo nací en enero, el ocho de enero.

El primer camino fue de mucho sacrificio”, recuerda Emma Morosini, quien relata que este peregrinar el sol le quemó los brazos, las piernas, la cara hasta tener costras en los labios; durmió en la tierra y se mojó, porque no llevaba nada de protección.

“Estoy feliz de haberlo completado.

Me gustó tanto que me dije: ‘El siguiente año voy a volver’.

Y así lo he hecho año con año”, comparte Emma Morosini, quien incluso ha peregrinado a bordo de una bicicleta.

Pasos cortos.

Inspiración de largo alcance.

Diariamente, Emma Morosini le resta kilómetros a la ruta que tiene como destino final el Cerro del Tepeyac.

Cada jornada camina 5 horas en la mañana y 2 horas en la tarde.

Después utiliza el resto del día para descansar.

Hasta ahora lleva 20 días caminando a solas por la carretera.

Al cruzar por San Luis Potosí, elementos de Protección Civil, así como una ambulancia, Policía Federal, oficiales municipales y bomberos la acompañaron en su trayecto.

“Me sentía como una princesa”, bromea Emma Morosini, quien dice estar acostumbrada a caminar sola, pero muestra su agradecimiento por todo el apoyo que ha recibido durante el trayecto, aunque sostiene que ella tiene todo lo necesario para estar tranquila.

“Si tengo para comer y para dormir, mi trabajo entonces es caminar.

Los apoyos que me dan son como un regalito de la Virgen”, sostiene Emma Morosini.

A su paso por México, la Abuelita Peregrina reconoce la alegría y generosidad del pueblo mexicano que la ve pasar y que siempre le ofrecen agua, dulces, fruta, incluso hospedaje.

“Quieren mucho a la Virgen y me piden que le rece por ellos, que le pida a la Virgen por sus enfermedades, por sus hijos, por sus mamás”.

Comparte que, al llegar a Querétaro, ella quería quedarse en un hostal o en una posada, mas no en un hotel.

Empero está contenta y agradecida con el apoyo que ha recibido aquí.

“Yo soy peregrina, no turista.

El hotel seguramente es más bello, pero yo me conformo con ser peregrina.

Vivo bien con lo necesario, como mi casa que no es grande, que es pobre, pero es mía”.

La Abuelita Peregrina disfruta vivir tranquila.

Ir a misa, rezar a diario el rosario o ir al hospital para monitorear su salud.

Enfermera jubilada, no tiene hijos, ni está casado.

Otra de las cosas que disfruta hacer es visitar ancianos, ya que muchos de ellos viven en la soledad.

“Hay domingos que compro lo necesario y voy a visitarlos a su casa.

Voy a comer a su casa o él viene a comer a mi casa.

Y así la fiesta del domingo es más bella y más santificada”, comparte Emma Morosini.

“Necesitamos comunicarnos con otra persona, necesitamos estar en comunión, hermanarnos, y poder ayudarnos el uno con el otro.

Y esta es la satisfacción que tengo en la vida, aunque soy anciana, puedo ayudar a otra persona que lo necesite.

No hago grandes cosas, sólo les hago compañía”.

Cada vez que viene a México, sus amigos le advierten sobre lo peligroso que es este país.

Sin embargo, Emma Morosini sostiene que, incluso en Italia, basta que se prenda la televisión para ver cosas horribles.

“La Virgen me protege.

No tengo temor, aunque se que hay gente de la que no hay que fiarse”, apunta Emma Morosini.

“A diferencia de México, en Italia la gente no se casan más, o se casan y al poco tiempo uno se va a la izquierda y el otro a la derecha, no se aman más.

Y los hijos son los que sufren, porque son a los que les hace falta su papá o su mamá”.

“Una cosa bella en México es que hay muchos niños.

En Italia no hay, pero aquí, cuando estoy en una casa, ¡hay ocho niños! ¡Y todos te abrazan!” Emma Morosini comparte que siempre le reza a la Virgen y hace un poco de sacrificio pidiéndole que el mundo se convierta.

“Yo pido porque el mundo cambie, se convierta, especialmente la juventud, para que comprenda que lo esencial son los valores morales.

Debemos de tener respeto, amor, esas cosas que se tienen en el corazón”.

Además de la generosidad de los mexicanos, otra de las cosas que Emma Morosini atesora de México es su firmamento lleno de estrellas.

A veces, cuando está en el campo, toma su carrito, lo cubre con una bolsa y se sienta a contemplar el cielo.

“Las estrellas de México es algo especial.

¡Qué bello! ¡No hay ningún cielo como el de México!”, afirma Emma Morosini, quien recuerda que siempre que profesores de escuela le llaman para contar su historia, ella dice que en su corazón siempre está México.

La Abuelita Peregrina se despide con esa característica sonrisa franca.

Da la bendición, un beso en la mejilla y un cálido abrazo.

Hoy despierta en esta tierra de peregrinos guadalupanos y espera mañana ir a misa y conocer al Obispo de Querétaro, Mons.

Faustino Armendáriz Jiménez.

El lunes, a temprana hora, reiniciará su peregrinar hacia su destino: la Basílica de Guadalupe en el Tepeyac.

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