LA PEDRADA DE CUAUHTÉMOC

Compartir nota

POR LUIS MONTES DE OCA Noticias Ysi decimos Lucas Alamán, ¿qué? ¿Paralelismos políticos entre 1792, fecha en que nació y 1853 año en el que fallece el más insigne intelectual del conservadurismo mexicano?, pudiera resultar ocioso, terco, infundado, porque aquí los conservadores ya son revolucionarios y los dizque revolucionarios cobran con la izquierda pero jamban con la derecha.

Por ejemplo, él decía y afirmaba: “no tengo otro interés que el de la verdad”… y en los tiempos actuales, tendrá vigencia… debería tenerla —claman las huestes electorales de indecisos.

Antes de avanzar, detengámonos un momentito en esta otra máxima de su ideario político: “Nada tenían dificultad en prometer los que nada pensaban cumplir; funesto sistema, que se ha seguido después de casi todas las variaciones políticas del país”.

Don Lucas no era, a saber, clarividente, pero es evidente (salvada la consonancia) que existe la intrínseca relación: ¿tendrán otros intereses los presidenciables que no sea el de la verdad: tres echando montón para ganar sin importar ideología y dos premiados por permitir falsificaciones, una porque fueron poquitos y el otro porque lloró y como decía el enorme Renato Leduc, “el que no llora no mama”.

Y las promesas de lo que no van a cumplir… Andrés Manuel, Ricardo y José Antonio… hablan de maravillas: una constitución moral, en el primer caso; un gobierno de congruencia, en el segundo y un gobierno de continuidad, de lo que todos estamos hartos… el tercero.

La clase política no tiene prurito en prometer lo que saben que no van a cumplir y aplica, claro, desde los presidenciables hasta los candidatos a regidores del municipio más pequeño y delegaciones y subdelegaciones municipales, tan es así, que el recurso que gritan y se desgarran diciendo que hace falta a los pobres, lo derrochan en campañas que nadie cree y que además de obsoletas, son un insulto a la inteligencia.

Ay, don Lucas, como vislumbró en su ideario, “que el mayor inconveniente que pueden presentar los sistemas políticos es el de ser absolutamente impracticables”.

Pero vamos adelante con el pensamiento de este hombre, que fuera electo en 1814 como diputado para las Cortes de Cádiz: “El tiempo de la elección de presidente, es el periodo más crítico y peligroso en las repúblicas”, y lo estamos viendo —conste que no consultamos a Nostradamus—: crecimiento desbordado del crimen organizado y por ende la inseguridad, meter pánico a la población uniformando criterios catastrofistas, asesinatos de periodistas y sacerdotes, alcaldes y candidatos, ejército en las calles, descrédito, desaparición de miles y miles de millones en el triunfante regreso del “año de Hidalgo”.

Y en lo local… ¡Caramba! don Lucas, Usted que fue canciller en 1823 con el Ejecutivo provisional; en 1825 con Guadalupe Victoria; de 1830 a 1832 con Anastasio Bustamante y de 1851 a 1853 con Santa Anna, sabía perfectamente que: “no es preciso que el poder recaiga en hombres de gran capacidad: decoro y probidad es todo los que se necesita”… Decoro y probidad… ¿en los partidos políticos? ¿Las coaliciones y frentes? ¿Los candidatos y alfiles? ¿los chapulines? ¿los independientes y organizaciones políticas estatales que sin capacidad alguna de poder de convocatoria, a sabiendas que perderán, aceptan diluir el voto y cobrar del dinero público para campañas pueriles? Decoro y probidad, eran las tías del viejo Lucas seguramente, porque son conceptos anquilosados desde aquellas épocas y tan necesarios desde entonces hasta ahora, en que inclusive la Iglesia Católica orienta sobre cómo votar, a quién elegir.

Sobre ello en 1852 Lucas Alamán, quien fundó el Museo de Historia Natural de la Ciudad de México y el Archivo General de la Nación, señaló: “Los jóvenes mexicanos, para educarse en principios enteramente religiosos, van a aprender a ser católicos en los países protestantes”… tómala gallito, no todo fue miel sobre hojuelas en 1834 había sido acusado de haber permitido la captura y la ejecución de Vicente Guerrero.

Él se defendió y fue absuelto.

Y para dejar por hoy a don Lucas Alamán y sus paralelismos, nos quedamos con este apotegma tan verdaderamente vigente, a 165 años de haber fallecido: “Nada en lo político suscita tantos enemigos como la desgracia”.

Agarre piedras mi’jo y sorrájele pa’onde se mueva.

Comentarios

comments

Compartir nota