Dios no condena a nadie, anima Faustino en Cereso

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POR MANUEL PAREDÓN FOTOS FANY CHAN No ti ciasE n una expresión de cariño y amor, el obispo Faustino A r m e n d á r i z Jiménez, lavó y besó los pies a 12 internos del reclusorio de San José el Alto que representaron los apóstoles de Jesús y movió los corazones de todos aquellos privados de su libertad para que no marginen a Dios de su vida, ser presencia de que Él no condena, porque todos somos un tesoro único para algo y para alguien.

“Queremos seguir lavando pies, los pies de Jesús en ustedes, puede ser un simbolismo, pero va más allá, el lavar los pies es sinónimo de servicio que queremos hacer como Iglesia todos los días”, expresó.

La ceremonia del Jueves Santo, la institución de la Eucaristía y el sacerdocio, tuvo lugar en la capilla consagrada a San Maximiliano María Kolbe, patrono de los reclusos de San José el Alto.

A las puertas del recinto, el prelado fue recibido por el coro de 50 internos que interpretaron magistralmente “Amigo”.

Este grupo, recientemente obtuvo el primer lugar a nivel nacional en coros penitenciarios, su música fue enviada por las redes sociales al jurado calificador.

E n su mensaje, Monseñor Armendáriz Jiménez, explicó que al escuchar la palabra de Dios, nos damos cuenta de los gestos de Jesús y los gestos cuentan mucho, pero no es lo exterior lo que se ve, es lo que hay en el interior de la persona que los hace, es la motivación profunda.

“Cuando tú haces un gesto de amistad con algún compañero, inesperado, espontáneo, de bien para el otro, que le agrade a Dios, eso se agradece de corazón”, señaló.

Explicó que en la palabra de Dios, se escuchó que en el Antiguo Testamento antes de Jesús, para celebrar una alianza con Dios, se mataba un cordero y es el mismo cordero cuando en la misa el sacerdote levanta el cuerpo de Cristo, dice: “este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, dichosos los invitados a la Cena del Señor”.

Y nosotros respondemos: Señor no soy digno de que entres en mi casa pero puede serlo si tú dices una sola palabra, mi corazón, mi alma por mas en tinieblas y enfermas que esté, quedará sana y eso es lo que hace Jesús, sanarnos, y compartió que Dios no condena a nadie, la persona sola se afecta cuando se aleja de Dios.

Hoy, prosiguió, celebramos esta institución de la Santa Misa pero Jesús también les dice a sus discípulos “hagan esto en memoria mía”, es decir, instituye a los primeros apóstoles y éstos a otros que serán sus sucesores, los obispos quienes ordenan a los sacerdotes para que junto con Él, sigan el deseo de Dios de celebrar este sacramento en memoria suya.

Tras invitarlos a valorar el sacramento de la Eucaristía, les pidió que le crean a Jesús que “a todos nos amó hasta el extremo que significa extender los brazos en la cruz y morir por el otro.

“Dios vive, exclamó, y se mete en todos lados, sobre todo en este centro penitenciario y dónde estás tú, ahí está Dios porque Dios está en ti; pero si soy malo, Dios está en ti; pero si yo tengo esta historia, Dios está en ti; las leyes terrenales son diferentes, la ley de Dios es una ley que ama.

“Donde quiera que se esté, aún recluidos, el Señor nos perdona totalmente” y vendría la invitación a estos hombres en el infortunio, “sé presencia de Dios, y todos pueden serlo, porque todos somos un tesoro único para algo y para alguien.

“Por eso, Dios quiere hacer algo a través de ti, tomando conciencia de que ya estás salvado, de que el Señor solo espera tu sí traducido en obras, en deseos de bien, en un trabajo por el otro”.

Al final de su homilía, el señor Obispo pidió que “el Señor los siga bendiciendo en este caminar con su historia personal, con su historia como comunidad”, y “no marginen a Dios de sus vidas”; a los jóvenes a “tenerlo como centro de sus vidas”; a la sociedad civil, “tengan a Dios en su corazón porque la fe es algo que trasforma”.

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