AMEALCO, GRAN ESPACIO DE TRADICIÓN Y CULTURA

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POR SHARON CUANDÓN Notimex Cuna de la muñeca otomí tradicional o “Ñhañhu”, y centro de un particular arte culinario que incluye mole de guajolote, el pueblo de Amealco de Bonfil se ha convertido en un atractivo turístico en el que convergen tradición, cultura y gastronomía.

Este municipio cuenta además con dos comunidades donde se concentra el mayor número de población Otomí en la entidad: de 25 a 30 mil indígenas se distribuyen principalmente entre San Ildefonso Tultepec y Santiago Mexquititlán.

“Dichas poblaciones se caracterizan por sus actividades en el ramo textil y la alfarería, pero además son el corazón de la muñeca otomí, que ha cobrado gran relevancia como símbolo representativo de la tradición mexicana”, explicó en entrevista con Notimex el coordinador de turismo del municipio, Mauricio Barcenas Arellano.

El juguete artesanal que nació alrededor de la década de los 50 del siglo pasado ha tomado tal fuerza que actualmente se producen en este lugar más de 250 mil muñecas por mes y casi dos millones anualmente, las cuales se distribuyen en todo el país y Estados Unidos, principalmente.

En honor a este producto único de Amealco, se abrió en el municipio el primer Museo de Muñecas Artesanales en el país, que exhibe más de 200 variantes del producto y es sede del Festival Nacional de Muñecas Artesanales, en noviembre.

“Durante la pasada edición de este festival registramos la visita de 60 mil personas en cuatro días, que representó un aumento considerable de demanda turística en nuestro municipio en comparación de otros años.

Esto deja ver la relevancia que el destino ha cobrado”, indicó Barcenas.

Además de admirar este particular juguete otomí, diseñado con coloridos vestuarios y listones, así como trajes típicos de la comunidad indígena, los visitantes pueden visitar la Casa de Artesanías Doni, que incluye el mercado Artesanal Indígena.

El lugar se caracteriza por ser un espacio donde 10 grupos de artesanos exhiben y comercializan sus productos con el apoyo de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), que capacita a los artesanos sobre cómo vender sus productos y patentarlos.

Frente a los dos centros artesanales ya mencionados, los visitantes pueden admirar y pasear por la plaza del Pueblo, la más grande de todo el estado de Querétaro, donde además de admirar la Parroquia de Santa María Amealco, tienen la oportunidad de tomarse una foto con las esculturas dedicadas a la muñeca otomí o simplemente degustar alguna botana.

La gastronomía del municipio es también un producto atractivo a los visitantes, pues en el mercado del lugar se encuentra un gran número de locales que ofrecen los tradicionales chicharrones de res, típicos de Amealco, así como carnitas y barbacoa.

A lo anterior se suma una fuerte tradición de comer mole de guajolote, platillo que destaca por su ancestral receta y por ser protagonista de una celebración que ha prevalecido por generaciones entre los habitantes.

Se trata del “martes de mole”, costumbre que comenzó cuando los comerciantes del lugar, que habitualmente descansaban en martes, cerraban sus establecimientos y empleaban su tiempo para convivir con sus familias en el Cerro de los Gallos y comer este alimento típico mexicano.

“El martes de mole se popularizó cada vez más, de tal forma que se decidió ofrecerlo también los sábados y domingos, pues los visitantes llegan buscando este alimento en sus tiempos libres como los fines de semana”, señaló el coordinador de turismo.

En Amealco, gastronomía e historia van de la mano, entre las antiguas casas pintadas a base de pigmento de nopal se pueden encontrar establecimientos de pulque que cuentan con más de un siglo de existencia, entre ellas destaca Para pulque Rico Federico, donde Doña Rosa María Obregón ofrece a los visitantes una variedad de sabores de este producto.

“Nos caracterizamos por hacer de Amealco un pueblo de desarrollo económico a través del turismo, aprovechando los recursos como la cultura y nuestros paisajes naturales, este último elemento nos permite ofrecer a los visitantes alojamiento en cabañas de madera que ofrecen vistas únicas de los bosques”.

Cuando juntamos todos los elementos antes señalados, es que consideramos que Amealco tiene todo para ser un Pueblo Mágico: conservamos nuestra cultura, raíces e incluso la lengua, logrando que los mismos habitantes y grupos indígenas valoren sus raíces, costumbres y tradiciones”, dijo Barcenas.

Agregó que gracias a todo un plan estratégico que integra desde el programa de residuos sólidos, modificación del plan de imagen urbana y capacitación a los habitantes, Amealco se consolida cada vez más como destino turístico y se ha logrado alcanzar una afluencia de dos mil a tres mil visitas durante los fines de semana, y entre cinco y 10 mil en temporada.

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