Bendice Obispo los Santos Óleos

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POR: MANUEL PAREDÓN Noticias Durante la misa Crismal, el obispo Faustino Armendáriz Jiménez, rogó a los 250 sacerdotes que renovaron sus promesas sacerdotales, que reconozcan con humildad aquello que no ha favorecido para lo que resplandezca, sea la acción salvadora de Dios y no la de ellos, especialmente cuando en vez de bendecir han hecho lo contrario.

En la inmensa ceremonia de casi tres horas, el obispo bendijo los Santos Oleos que entregaría a los representes de las 116 parroquias diocesanas.

En su profunda homilía, Monseñor Armendáriz Jiménez, manifestó que, “hoy, principalmente los sacerdotes hagamos de esa solemne liturgia un parteaguas de nuestra vida y para responde a esta pregunta, la misma palabra de Dios, nos enseña que la renovación del ministerio sacerdotal, solamente es posible volviendo la mirada a la esencia de la elección”.

“De modo que de cara al misterio de Dios, purifiquemos la llamada de todo aquello que en la propia vida desfigura o contradice lo que Dios ha querido para sus elegidos”, agregó.

Sin perder la mirada hacia el presbiterio donde se encontraban los sacerdotes, Monseñor Armendáriz Jiménez, recordó que Jesús los eligió y con su espíritu los ungió y el signo visible de esto fue que en la ordenación sacerdotal, se les ungieron las manos quedando así ungidas por el Crisma que es el signo del Espíritu Santo y de su fuerza.

¿Por qué las manos?, porque la mano del hombre es del instrumento de su acción, es el símbolo de su capacidad para afrontar el mundo, para tomarlo de la mano, el Señor nos ha impuesto las manos y ahora quiere nuestras manos para que en el mundo seamos las suyas.

Quiere que dejemos de ser instrumentos que toman las cosas, los hombres, el mundo para nosotros mismos para someterlos a nuestra posesión, explicó Y que por el contrario, transmitamos su toque divino, poniéndonos al servicio de s amor, quiere que seamos instrumentos de servicio y por tanto, de expresión de toda la persona que se convierte en su garante y que le transmite a los hombres.

Entonces, dijo, las manos ungidas tienen que ser un signo de su capacidad para dar, de la creatividad para plasmar el mundo con amor y para eso tenemos necesidad, sin duda del Espíritu Santo.

En esos momentos, vino su invitación para que en esta feliz circunstancia, cada uno de los sacerdotes tuvieran la calma de observar detenidamente sus manos, y con honestidad, de cara al misterio de Dios, hagan memoria de todo lo que con ello ha hecho el Señor como un examen de conciencia Y así, renueven el ministerio confiado a sus manos y con gratitud le den gracias a dios porque los hace dignos de servirle en su presencia como Dice la plegaria.

Dijo que seria muy oportuno también que con humildad reconozcamos aquello que no ha favorecido para que lo que resplandezca, sea la acción salvadora de Dios y no la nuestra, especialmente cuando en vez de bendecir hemos hecho lo contrario”.

Por eso, el llamado a ese examen de conciencia del uso de sus manos que son exclusivamente para bendecir y rogo que le pidan a Dios que jamás se pierda ese suave aroma del Espíritu de Dios que atrae, que conquista, que persuade, que fascina.

Hoy necesitamos utilizar nuestras manos para que como Jesús tenderlas al que se hunde en el mar de la duda, de la incertidumbre, de las ideologías y de las mentiras con apariencia de verdad, hoy necesitamos utilizar nuestra manos para crear iniciativas que permitan escuchar y asumir la vida de tantos jóvenes que van tristes por la vida por no tener un motivo o una razón para vivir”.

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