5 situaciones en las que puedes necesitar un préstamo urgente.

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Los préstamos urgentes han revolucionado la forma de recurrir a fuentes de financiación para obtener liquidez, al representar toda una alternativa a las entidades tradicionales que, en época de crisis, cerraron el grifo, endureciendo los requisitos de acceso. Dentro de la categoría de préstamos, los préstamos urgentes tienen características comunes.

Para empezar, se trata de una solución hecha a la medida de los clientes, que pueden solicitar diversas cantidades que pueden ir desde los 600 a los 10.000 euros. Los trámites para solicitarlo son rápidos, ya que sólo necesita rellenar un formulario con los datos personales y aportar una documentación mínima, que será luego estudiada por la entidad, y que en muchos casos no requiere nómina ni aval. Esta se compromete a dar una respuesta un breve plazo de tiempo, que normalmente no supera las 48 horas.

Con los créditos y préstamos rápidos, como su nombre indica, los plazos se reducen considerablemente respecto a las entidades tradicionales. Además, permiten al usuario marcar su propio ritmo a la hora de devolver el dinero, en un plazo de más o menos meses según su conveniencia, y con posibilidad de aplazar la cuota varias veces al año, según la entidad.

Eso sí, a más tiempo y devolución y aplazamiento, mayores serán los intereses a pagar, y ya son altos en condiciones normales. Conviene tener presente, por lo tanto, cuáles son las situaciones ideales en las que solicitar un préstamo de estas características.

Hay que partir de que los intereses instan a recurrir a estas fuentes en caso de urgencia, de imprevisto, y no porque se necesite liquidez. En este último caso, pueden ser un arma de doble filo.

Hacer frente a una multa

Las multas siempre llegan en el peor momento, más aún cuando se tiene una situación delicada. Seamos realistas: después de la crisis, muchas familias han pedido poder adquisitivo, partidos políticos en la oposición y sindicatos tiran de datos para demostrar que la calidad del empleo ha bajado y, en definitiva, se llega más justo a final de mes. Y los gastos inesperados pueden suponer la puntilla final.

Ya sabemos lo que implica no pagar una multa de tráfico, por ejemplo, y optar además por no alegar o recurrir: no podrás beneficiarte de la bonificación de abono en los primeros días, la Administración reclamará la deuda por otras vías y, encima, aplicará un recargo del 10% que irá subiendo. En última instancia, si sigue sin cobrar, procederá al embargo, ya sea quitando dinero de la nómina, en la devolución de la renta o incluso en propiedades como el coche o los inmuebles.

Sin duda, una situación a evitar.

Pagar una factura

Por más recortes que se hagan, por más que se traten de optimizar los ingresos, siempre hay facturas que pagar. Hay servicios que son de primera necesidad, como la luz y el agua. Y otros que, aun sin serlo, también se consideran imprescindibles, como el teléfono móvil o internet en casa.

Dependiendo de las circunstancias en las que se hiciera el contrato y de la compañía, algunas de ellas podrían cobrar un recargo por demora en el pago. Si este se prolonga más allá de cierto periodo, puede proceder también al corte de suministro, sin contar con que, desde el primer momento, puede barajar incluir los datos del cliente en un registro de morosos. Algo que luego puede ponerle difícil recurrir a otra compañía o a alguna entidad de crédito, sobre todo las tradicionales.

Hacer frente a un pago de la hipoteca

Con la hipoteca sucede lo mismo: el prestatario se expone a demasiadas cosas al no pagar, incluyendo recargos y tener encima al banco recordando que debe cobrar su deuda. Al principio lo hará de manera cordial pero, si pasan los meses, abrirá una vía judicial que podría terminar en el desahucio o en embargo de bienes de la persona que hizo de avalista.

Lo peor es que, después de quedarse sin casa, el prestatario seguirá teniendo una deuda que puede que el banco seguirá reclamando, a no ser que se consiga a la dación en pago o que la entidad cubra la deuda que tenía al vender la casa. Si no, podría llegar a embargar la nómina de forma parcial hasta que consiga recuperar todo el dinero. Eso de “la banca siempre gana” adquirirá entonces todo su significado.

Reponer el equipamiento

No todas las situaciones tienen que ser tan extremas. Imaginemos simplemente que se trata de un autónomo que no dispone de un colchón de dinero extra para imprevistos y cobra todas sus facturas a final de mes. No quiere desprenderse de dinero para poder hacer frente a la cuota de autónomos que se le aplica mes a mes o a los gastos de gestoría que tiene domiciliado, así como a las facturas. Pero sufre se le estropea la computadora o alguna otra parte del equipamiento que le resulta imprescindible para trabajar.

En ese caso, puede recurrir a un crédito rápido para no perder días de trabajo, y esperar a cobrar todas su facturas para devolverlo.

Realizar un viaje inesperado

Un viaje inesperado también es un gasto imprevisto. Lo puede motivar, por ejemplo, el tener que acudir a otro estado para atender a un familiar que lo necesita y, si el gasto no se puede afrontar con ahorros, habrá que acudir a otras fuentes.

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