Diego Glazer regresa a la plástica con “Naturaleza y Figura”.

Compartir nota

Por Shareny López Serrano

Fotos Miguel Cruz

Noticias

Heredero andante del último bufido de las Artes Plásticas, Diego Glazer Stump, expondrá de nueva cuenta en nuestra ciudad después de un año de haber hecho cómplices a los queretanos de su visión y talento, la cita será el jueves 30 de noviembre y para hablar más a fondo de la gran noticia, NOTICIAS platicó en exclusiva con el artista de 25 años acerca de su mundo profesional y decisiones que lo llevaron a “Naturaleza y Figura”, exposición que proyecta el camino académico de Glazer durante sus estudios en Florencia, Italia del 2014 al 2016, y que compartirá desde su hogar en Loma Dorada con Querétaro, ¿están listos?

La entrevista fue el martes 21 de noviembre, corrían las cuatro de la tarde cuando llegamos a su domicilio, al abrir la puerta se asomó un joven alto, delgado y pelirrojo con prosa amable en su sonrisa, nos dio la bienvenida y dirigió a lo que parecía ser su estudio. Múltiples cuadros y obras sin enmarcar estaban distribuidos en aquel entorno de calidez y comodidad incomparable, aún no nos bebíamos el vaso de agua ofrecido cuando empezamos a conversar.

“25 años” dijo en voz baja, refiriéndose a su edad, no estaba nervioso, parecía claramente lo contrario, comenzó describiendo, basado en sus recuerdos, lo divertido que para él era dibujar desde que era un niño. “Nací en Estados Unidos, pero tengo tres nacionalidades” detalló apuntando también a la mexicana y suiza, “llegué a Querétaro a los tres años y desde esa edad recuerdo interesarme por el dibujo además de otras cosas como el skate y el parkour, pero al avanzar el tiempo, y al ir y venir el flujo de distintos pasatiempos, el crear sobre una hoja en blanco siempre me acompañó” puntualizó.

También la interpretación de diversos instrumentos forma parte del mundo personal de este joven que ha encontrado en Fernando Garrido y Ramsés de la Cruz grandes fuentes de inspiración desde su llegada a Querétaro, “con el paso del tiempo y maduración de mis propios gustos me decidí por el trazo, tanto en piel como en lienzo”, sí, el tatuaje también se encuentra en el espectro de sus habilidades, y aunque éste no fue igual de bien recibido por su madre, que el mundo de la pintura, también lo practica desde que inició a cursar la preparatoria en el Centro de Educación Múltiple (CEM).

“Tenía 17 años cuando estaba firmemente decidido a especializarme en la pintura” expresó, destacando que en su familia nunca tuvo una inspiración directa, ni ejemplo a seguir del mundo de las bellas artes, pero si en desempeño laborales con un alto índice de creatividad como lo fueron las profesiones de sus padres, en diseño de joyería, y un tío abuelo del lado materno, al que obligaron a ser médico y renunciar a su sueño.

“Ya sabes cómo es la típica historia, si uno encuentra su pasión pero ésta no es redituable, no conviene o no es lo adecuado, básicamente le dijeron que no iba a ser un artista muerto de hambre, nunca lo conocí pero si su historia y en contraste hoy tengo todo para agradecer porque mi familia, específicamente mi mamá que es con quien crecí, siempre me apoyó al cien, a excepción del tatuaje, eso le cuesta un poco más” sonrió.

Desde su perspectiva, la exploración de ambos mundos, pintura y tatuaje, se acoplaron fácilmente a pesar de compartir latentes diferencias entre sí, siendo la mayor el lienzo sobre el cual se plasma el impulso creativo.

“La piel es un lienzo vivo que comparte la consciencia del portador” dijo “en un tatuaje la creatividad está más limitada por la voluntad del cliente y al momento de querer intervenir un cuadro, el límite es mi propia imaginación” señaló.

“Cuando viví en San Miguel Allende estudiando arte en el Instituto Allende, reforcé mis estudios creativos con el ensayo sobre la piel de diversos conocidos” explicó. Hablaba con agradecimiento hacia esta ancestral y controversial práctica, “conforme hice esto a lo largo de los días fui desarrollando estilos bien distintos con cada uno. En el tatuaje me inspiré en lo japonés, algo de realismo y también arte abstracto, mientras que en la pintura me enfoqué principalmente en el realismo tradicional.

Cada experiencia académica en la que se ha visto inmerso ha sido indispensable para la búsqueda de su estilo personal y para él, San Miguel de Allende fue la cuna de un crecimiento práctico gracias a dos maestros en especial, “ambos enseñaban dibujo y pintura, me gustaba mucho porque sus clases eran principalmente prácticas y me exigían un involucramiento mental y/o espiritual”.

Edgardo Kerlegand era uno de ellos y enseñó a Diego a orientarse principalmente en el proceso creativo más que al resultado a través de composiciones simples basadas en respetar líneas rectas e imaginarias a partir de distintos principios de la filosofía zen, “él me enseñó a encontrar infinitos lenguajes con las líneas y a estudiar lo que fuera a pintar repetidamente hasta lograrlo con plenitud y confianza”.

Por otro lado Guillermo Guerrero fue igualmente un maestro que marcó el crecimiento de Diego a través de un método basado en el neoimpresionismo, movimiento artístico de fines del siglo XIX liderado por Georges Seurat y Paul Signac que promueve principalmente el uso de colores puros en la paleta, “con él aprendí a ser muy espontáneo y dar pinceladas con toda precisión, con el color correcto en la posición correcta lograrás que se mezclen en el ojo del espectador, si este se coloca a la debida distancia”.

“Ambas escuelas me han sido de vital importancia, no podría decidirme por una técnica en particular porque depende mucho del momento, del día y del cuadro” apuntó para posteriormente confesar sin aprensión, que todavía se encuentra en una búsqueda de estilo propio.

Entre más suelta la pincelada, mejor para Glazer, aunque muchas veces el exceso de confianza al momento de trazar una obra le ha hecho trabajar el doble.

“Me encanta mezclar las técnicas rigurosas con la soltura del pincel y ver como poco a poco va emergiendo la imagen con ensambles de transparencia y opacidad compleja, pero cuando me convenzo de que ya lo sé todo y que lo puedo todo, me enfrento con la verdad y la corrección de mis propios errores, porque el dibujo siempre debe quedar impecable antes de comenzar a pintar sobre él y al confiarme trazando a ojo de buen cubero, termino corrigiendo mis propios desastres”.

Acerca del mayor reto que para él representa un lienzo en blanco, Glazer se refirió a él como el exceso de ideas que de pronto le llueven, “finalmente tomar una decisión es para mí un gran logro porque tengo ideas que llevo cocinando en mi cabeza desde hace diez años, hay veces que traigo un modelo a la casa para un retrato de una figura humana por ejemplo y de pronto se me ocurre otra cosa diametralmente distinta” explicó.

Como lo dijo Juan Pablo II “la auténtica intuición artística va más allá de lo que perciben los sentidos y, penetrando la realidad, intenta interpretar su misterio escondido”, y en el camino de éste Tattoo & Artist, una nueva ventana del misterio escondido estaba a punto de revelarse al mudarse en el 2014 a Florencia, Italia, donde completó el programa de tres años en Dibujo y Pintura en la Angel Academy of Art.

“Estuve más o menos tres años estudiando en San Miguel y al salir pensé que ya no había nada más que aprender, afortunadamente no me lo creí del todo y partí hacia Florencia para descubrir que el mundo de las cosas que ignoraba era infinito” continuó “aprendí métodos que han sido probados por el tiempo, utilizados durante siglos por los grandes maestros de la antigüedad, con una atención al detalle impresionante a través del manejo de las luces”.

El ganador del segundo lugar en la bienal de Santangel con su cuadro “Circunstancias” en el año 2013, se estaba enfrentando a la inmensidad de lo que nos supera, de lo que está más allá de nosotros: al arte, su belleza y trascendencia, “con esa experiencia me di cuenta que conforme más aprendo, más preguntas se abren, porque el arte nos permite ver y escuchar lo que se esconde detrás de la rutina cotidiana y de la opacidad de la realidad de la vida”.

“He aprendido a crear un cuerpo de trabajo completamente mío, llevo años haciendo estudios académicos y por fin comienzo ahora a explorar la técnica de óleo orientado a mi pasión que son los retratos, desafortunadamente ya está pasada de moda pero me encanta hacerlos con observación directa, no importa que sean horas y horas de trabajo” afirmó.

Para él, retratar a base de fotografías no te describe bien la forma, te da una impresión de cómo se ve la luz pero no va más allá de la experiencia estética, “hay cosas que son mucho más sencillas si se captan con la observación directa, las fotos pueden llegar a confundir”, hablaba de la captación de lo inefable, de aquello que no podemos expresar con palabras, pero que tenemos la urgencia de expresar de alguna manera, como las pupilas de un hombre plasmado en el cuadro que se observa, con una gota exacta de luz, delicada al más mínimo suspiro y que nos hace perdernos incontables veces, una y otra vez.

El intento de comunicar lo que vemos y no podemos decir es el tema eterno de la sinfonía inconclusa de la humanidad, una aventura en la que la creatividad nunca se acaba.

“Como pintor eres tu propio Photoshop que editas las cosas que sabes no van a funcionar, la manipulas hasta el grado de tu gusto personal, es una sugerencia propia y espiritual de realidad” confesó.

Hablando del arte figurativo y realista preponderante en Querétaro, Glazer especificó que prefiere mantenerse un poco al margen, a pesar de conocer y ser amigo de distintos personajes, “con Fernando Garrido me identifico bastante porque ha encontrado su propia estética y voz, articulando un estilo propio legítimo no de manera mecánica sino por medio del juego, su universo es reconocible a kilómetros y me encanta, a diferencia del resto de exponentes que en sus piezas sugieren una técnica y uso muy obvio”.

Así, éste artista en trascendencia y evolución, para el cual aún no se tiene un concepto fijo, refiriéndonos a su poesía elemental en las soluciones plásticas, sin poner en juego ni el pensamiento ni la razón, sino la vivencia pura, despojada de objetos exteriores y, al cabo, situada por el sentimiento y la sensibilidad, Glazer nos situará el próximo 30 de noviembre a través de “Naturaleza y Figura” en el instante mismo que dibuja nuestro rostro ante el mundo, ante lo otro y los otros, ante lo material y lo absoluto, con sus últimos trabajos en el periodo de sus estudios en Florencia.

“Hay 40 obras que incluyen naturalezas muertas que me exigieron mucha madurez, perfección y humildad, ya que aprendí bastante haciéndolas. Cada una fue más ambiciosa que la anterior, combinando texturas y contrastes de luz. La gente de Querétaro nunca ha visto mis naturalezas muertas hechas con perecibles, ni retratos de poses largas con figura humana, por lo que espero recibir una buena respuesta” afirmó ilusionado, seguro de ese año más en experiencia que le ha permitido intervenir en formatos más amplios.

Vale la pena concluir, haciendo eco del llamado engendrado ante las maravillas del universo sin importar cuán suelta e informal, ya que la única actitud adecuada para ellas siempre será el asombro.

Comentarios

comments

Compartir nota