Suben Santa Cruz a cima de la Peña

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  • Los Escaloneros cumplen centenaria tradición en Bernal

POR ENRIQUE ZAMUDIO Y LUIS MONTES DE OCA Noticias Bernal, Ezequiel Montes.

– Desde la cumbre de la imponente peña de Bernal, Los Escaloneros se despiden de la Santa Cruz, luego de realizar el último ascenso del año hasta la cima del monolito, donde el “Madero Sagrado” descansa sobre el esplendor del valle queretano.

–Ahora sí, Maderito Sagrado.

Que tengas un feliz año.

Gracias por todo –le dice un Escalonero a la Santa Cruz, en diálogo íntimo, respetuoso y a la vez con un profundo amor.

Por octava vez en el año, Los Escaloneros de Bernal subieron hasta la cima del monolito para llevar a la Santa Cruz hacia la cumbre, luego de que formara parte de las festividades del vecino pueblo tolimense San Antonio de la Cal.

Al mediodía, Los Escaloneros, sus familias y habitantes del vecino pueblo tolimense se congregaron en la Capilla de la Santa Cruz.

Después de despedirse de Ella, todo el contingente compartió los alimentos en el atrio de la capilla, sentados todos juntos sobre un par de polines y disfrutando de la providencia que era colocada sobre una larga mesa de ixtle, cubierta por un extenso mantel bordado con imágenes de La Cruz.

Arroz, frijoles, pollo en salsa verde y un rico mole de olla con chambarete y pata de res, además de las infaltables tortillas hechas a mano, era parte del manjar que las familias de Bernal prepararon para Los Escaloneros y sus invitados.

Con conmovedoras alabanzas, Los Escaloneros dieron gracias a Dios por los alimentos y las bondadosas manos que los prepararon.

Acto seguido, el contingente avanzó en procesión hacia el monolito, al ritmo del tambor y de las danzas chichimecas.

Sobre las faldas del peñón, gente mayor y familias se despiden de la Santa Cruz, tocan el Divino Rostro y la madera, besan “Los Milagros” y se persignan; algunas personas realizan una pequeña conversación con La Cruz.

La procesión avanzó cuesta arriba sobre las faltas del peñón.

Estruendos en el cielo bernalense anuncian el paso de la Santa Cruz.

Turistas veían con curiosidad el paso de la romería que en veinte minutos llegó a la mitad del peñón, al descanso donde se ubica una pequeña capilla.

Sólo los más atrevidos visitantes llegan hasta esta zona; sin embargo, para Los Escaloneros es apenas la mitad del camino.

Escalan con una soltura temeraria, con ausencia de miedo, desafiando la gravedad; parece que tienen imanes en los pies, que están magnetizados con la Peña de Bernal.

Aún frente a la amenaza del precipicio, la seguridad de Los Escaloneros se contagia, pues están confiados en que la Santa Cruz los protege, como lo ha sido desde el inicio de esta centenaria tradición.

El último tramo previo a la cumbre es una monumental pared de rocas salientes y hendiduras irregulares.

Sólo sujetados a su fe, Los Escaloneros comienzan el ascenso, asidos a relieves o grapas empotradas en la piedra.

Poco a poco se colocan en sus lugares formando una cadena humana en vertical.

De pronto, debajo se observa La Cruz con sus ornamentos, Los Milagritos y hojas de maíz.

Uno a uno comienzan a subir el “Madero Sagrado”, buscando que no toque la roca y que siempre mire de frente.

En unos minutos la Santa Cruz llega a la cima y es colocada en su sitio, dominando el paisaje, observando de frente al Pueblo Mágico de Bernal.

–Ahora sí, Maderito Sagrado.

Que tengas un feliz año –le dice un nostálgico Escalonero a la Santa Cruz, a quien le confía su pueblo y sus tradiciones, para después persignarse y realizar el descenso.

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