​La Arquitectura de Interés Social en Querétaro

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Por Armando Arias
Los recientes acontecimientos sísmicos están produciendo en la sociedad mexicana una nueva lectura de las reglas de convivencia. Así como el 19 de septiembre de 1985 destapó los escándalos de corrupción en la industria de la construcción y en el abuso laboral de trabajadoras que murieron hacinadas, la sacudida del 19 de septiembre del 2017 está generando temas de debate y reflexión. El inmediato es la seguridad de las escuelas, en donde los niños muertos detonan dudas sobre la supervisión de inmuebles destinados a nuestros menores, aulas supuestamente construidas con el protocolo de seguridad necesario, resultaron tumbas de pequeños de 7 años de edad. Está circulando la demanda ciudadana para que el Instituto Federal Electoral destine los millones asignados a los partidos políticos, a la reconstrucción. Otro tema consensado lo propone el Mtro. Francisco Toledo, quien para la reconstrucción de Juchitán, Oaxaca, pide mantener el modelo vernáculo de traza arquitectónica, propio del Itsmo, intentando detener la erección de los horribles edificios mal llamados de “Interés Social”. 

Toledo dijo para el periódico La Jornada: “No podemos tener en el Istmo casas como las que a veces construye el Infonavit, que se hacen con materiales que no son de la región. No queremos eso para Juchitán. Aquí tenemos tejas, vigas, morillos que pueden servir. Tal vez sea un poco más caro, tal vez no se pueda construir tan aprisa, pero no queremos que se destruya o cambie la arquitectura vernácula y popular del Istmo. No estoy seguro de que las casas que han ofrecido construir sean las que queremos. Sé que ahorita lo que necesitan las personas es un techo, pero en definitiva las construcciones tipo Infonavit no van ni con el clima. Deben pensarlo muy bien antes de continuar demoliendo y planeando viviendas que no van. “Tal vez eso hará más lenta la reconstrucción, pero creo que vale la pena esperar un poco, de lo contrario mañana se van a arrepentir de tener una casa chaparra, con un calor espantoso, con paredes delgadas, por ahorrar. Se necesita que las nuevas casas conserven esas características que tanto nos gustan a los istmeños y a los visitantes, las viviendas que el sismo dañó tenían un encanto muy especial que hay que conservar y recuperar”. Esto expresó el artista oaxaqueño.

En el hipotético caso de que una extensión de la Falla de San Andrés afectara Querétaro y ciudades de la Sierra, de ninguna manera se permitiría que, por ejemplo, donde hoy está la Casa de la Marquesa, se erigiera un edificio cuadrado y liso para oficinas. Ese error ya lo vivimos y lo podemos mirar con tristeza por todo el Centro Histórico de Querétaro, donde se muestran como verrugas sobre un hermoso rostro.

Las residencias son obra de autor, así, el alarife Cornelio, supuestamente fue el artífice de la Casa de la Marquesa y de la Casa de Ecala, desconociéndose quién construyó los cientos de casas de nuestro Centro Histórico, todas ellas con dolencias por el paso del tiempo, pero eficaces como hogar de la clase media queretana, que mira con desconfianza los nuevos desarrollos inmobiliarios. 
No es nuevo el rechazo a eso que llaman “Arquitectura de interés social”, lo cual es en realidad una manera de vender caras, viviendas de bajo costo. La traición de los arquitectos al arte de la Arquitectura, radica en interpretar a las obras de interés social como una “chamba” que dejará dinero, cuando la construcción de viviendas en serie debería ser asumida como un “Deber Social”. Aquí los únicos beneficiados con el término “interés” son los dueños de la desarrolladora inmobiliaria y el gobierno, anhelante de cuantificar en sus estadísticas triunfantes miles de nuevos hogares, sin importar que esas viviendas de un millón de pesos, sean lejanas, inhóspitas, ruidosas, calurosas, estructuralmente frágiles, y sobre todo inhabitables para un grupo familiar que hacinado pierde privacidad porque sus habitantes al carecer de un indispensable “espacio vital”, entran en conflicto inter-familiar y son portadores de un contagio social.  Un desarrollo inmobiliario accesible y con diseño humano, ahorraría a la sociedad miles de delincuentes perturbados y millones de pesos en seguridad pública. 
La diferencia en el trazo de la llamada Casa de los Cinco Patios y la casa típica queretana de “puerta-ventana”, que en su época fue la de “interés social”, no es la sobriedad, no es el confort, no es la seguridad, no es la calidad de los servicios, simplemente es la amplitud. Los modelos arquitectónicos de las residencias del siglo XVIII, necesariamente influyeron en la imaginación de  las clases sociales intermedias quienes construyeron a escala menor una residencia acogedora. Nos han engañado diciéndonos que las casas de “interés social” no pueden tener la habitabilidad de una residencia. Desde los años 70, ese estilo austero  diseñado “piadosamente” para las clases bajas, solamente ha sido una imposición y un fracaso del mal gusto.
Querétaro, desde su fundación en el siglo XVI, junto con villas y ciudades establecidas en el Bajío, florecieron por su capacidad para abastecer de alimentación agrícola y vacuna, a la mecánica humana que se llevaba minerales y traía bienes de consumo. Es en esta opulencia económica que se explica la edificación de ejemplos notables de arquitectura civil: haciendas en el campo y palacios en la ciudad. Las arquitecturas pública y clerical de Querétaro están bien estudiadas y solamente una catástrofe puede echar abajo al templo de La Cruz o al ex convento de Capuchinas. Es la arquitectura civil la que muda constantemente de suerte según el proyecto del nuevo propietario. 

La casa tradicional de Santiago de Querétaro suele ser de una planta. Respira brisa de las plantas de su patio interior, el cual se encuentra rodeado de habitaciones que se interconectan. Las habitaciones destinadas a recibir invitados o negociantes, tienen vista a la calle. Los servicios se hallan al fondo, a veces en colindancia con el huerto. La altura de los techos es de 5 metros para desahogo del clima caluroso. Está construida con calicanto y adobe, el aplanado pegó en su tiempo con baba de nopal, y sus pisos son de barro.
La casa tradicional de los municipios es diferente a la de puerta-ventana, pues suele contar con más área construida y techo de teja. Sin embargo en las últimas décadas las construcciones de materiales industriales han desplazado a los materiales de la región. Adobe y teja son recuerdos, nadie los usa pese a sus cualidades térmicas y estéticas. Las comunidades que antes guardaban un amable aspecto pintoresco, actualmente aparentan colonias marginales por sus estrechas construcciones de tabicón gris y castillos que abandonaron sus varillas a la oxidación. En donde la teja dispersaba el calor, ahora el “colado” encierra el aire caliente. 

Un paisaje de pesadilla es la inmensa zona de casitas de interés social construidas en el Municipio de El Marqués. Extensas zonas de cultivo ahora se hallan plagadas de un complejo habitacional para que duerman los trabajadores provenientes de cualquier parte del país. Se trata de un proyecto para impulsar la industrialización, no para ofrecer vivienda digna a los queretanos. La ola de inmigrantes anónimos podría explicar los hechos delictivos en Querétaro durante los últimos meses.
A semejanza de las casas vernáculas del Istmo, las casas familiares de Querétaro y de todo el Bajío, cuentan con 200 años demostrando su funcionalidad. Pese a esta probada forma de construir, los desarrolladores imponen “casas diseñadas para las nuevas familias”, sin referencia alguna a la casa tradicional. Como Francisco Toledo en Oaxaca, es necesario defender en Querétaro el patrimonio arquitectónico que nos fue legado y que ahora lo estamos sustituyendo por tabique gris.

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