Los Escaloneros de la Peña de Bernal.

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Rudas manos que fabrican delicadas ofrendas por la Santa Cruz

Por Luis Montes de Oca

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El Guardián parece estarlos esperando, su intrincada ruta no deja de mostrar los peligros, mientras se van alejando del valle de Bernal, en esos planos inclinados en el ascenso hasta la cima. Llevan su sagrada Cruz, cumplen con sus rituales, son un eslabón, entre el catolicismo y la cultura popular, entre la fe y la tradición.

Abre el día y poco a poco se van juntando esos hombres rudos, albañiles, cobijeros, peones…trabajadores que dejan todo por cumplir con su tradición en la mayordomía de la Santa Cruz, barrio del pueblo de Bernal que se ha caracterizado por la defensa de su fe.

Sentados sobre unas vigas, inician su trabajo con la “Amarrada de la Rosa”, es ahí donde esas rudas manos, cambian vara prieta, cucharilla y flores, atadas con hilo, que jalan con la dentadura, en bellas piezas, en bastones que serán usados para vestir a la cruz al dejarla sobre la cima, dominando todo.

Armando Martínez Álvarez, Escalonero Mayor, nos comenta que son cuatro bajadas las que realizan al año y aunque las fechas pueden variar, la primera es en marzo, en este caso el 5 que es para el Miércoles de Ceniza y ocho días después se hace el Levantamiento de Danza, ya sin ascenso a la peña, pero con danzas de compromiso, con los menores.

La segunda, agrega, es del 16 al 23 de abril y es para las festividades del 3 de mayo.

Cabe aclarar que ellos llaman bajadas al descenso de la Cruz, después de haber ascendió a la cumbre de la peña.

La tercera bajada es el primer domingo de agosto por Corpus y en octubre hay una más en San Antonio de la Cal.

Entre risas y trabajo van quedando listos los bastones, que se colocan sobre dos charolas negras con decorado de la Santa Cruz y se cubren y amarran con paliacates.

José Luis Pérez, Mayordomo dela Santa Cruz, explica que el compromiso del a mayordomía es de seis años y que el grupo de Escaloneros era de seis, pero que se ha incrementado a 21 miembros y que esta era la primera bajada que le correspondía como Mayordomo.

En ese barullo, Melitón Nieves Vargas, explicó que los bastones son los brazos de Cristo y que van de los extremos del travesaño a los pies. También dijo que eran 18 bastones los que se fabricaban porque eran tres cruces.

En el panteón, se dejan seis bastones: dos arriba, en la entrada, uno en cada hoja del a puerta y dos más en el Calvario de Ánimas.

Recuerda que había un cuadro, una pintura de las ánimas del Purgatorio en el Calvario, pero que se lo robaron.

Recordó a Lulú Montes como una de las benefactoras y que a él fue al que le pidió que hablara con la mayordomía para donar una colección de cruces: Ella decía dónde colocarlas, explicaba la procedencia de cada cruz, se me olvidó de tantas que eran, pero esas cruces siguen están en los muros de la Iglesia, cruces muy bonitas.

Ofrecimiento

Terminada la manufactura de los bastones, los Escaloneros hacen un ofrecimiento: primero los introducen ante la Santa Cruz, vestida con su milagrera, con arco multicolor y la Virgen de Guadalupe al pie del vástago, sobre las andas. Luego, con una bandera de México, pero con el escudo de la Santa Cruz, símbolo de la Mayordomía y unión entre el nacionalismo y la fe, caminan hasta la entrada de la Iglesia, en el atrio, se forman: el abanderado. Dos Escaloneros con los bastones, atrás el sahumador y tras él otros dos con flores. Tras ellos el grupo de Escaloneros y sus familias.

Primer frente al altar y luego a los cuatro puntos cardinales: Armando el Escalonero Mayor lleva el rezo, los demás contestan al unísono, el Padre Nuestro, El Ave María, El Gloria, en fragmentos, letanías referentes a su actividad y en esas respuestas, quienes llevan los bastiones y las flores, el sahumador, forman cruces al aire, una, dos tres veces a diferentes alturas, en cada cambio de punto cardinal lo hacen hincados, sin levantarse, giran y se acomodan para no perder esa formación y se repite.

—¿Quién les enseñó a hacer esto? —Preguntamos— y nos responden, desde que éramos niños ya se hacía, es antiquísimo.

Concluido el ofrecimiento, nos comentan que se va a poner la mesa. Se colocan cuatro vigas como asientos y la mesa es una larga tira de ixtle que se acomoda en medio, luego viene encima el mantel, blanco, con bordados. Todo está dispuesto.

Preguntamos a una de las mujeres que servirán el alimento que le ofrecen a los Escaloneros y nos dicen: “lo que Dios nos da”. También explican que son 80 mujeres de la Mayordomía y que se ponen de acuerdo y en esos manteles largos, van colocando tortillas a todo lo largo del mantel y luego viene lo que Dios les ofrece: arroz, nopales, mole verde, pollo, tacos de carne y refrescos. Todos comparten, todos participan y terminada la comida, limpiando el lugar, se forma la procesión e inicia el recorrido de la primera bajada.

En defensa de la fe y la tradición

Antes de iniciar el camino se presenta personal de Protección Civil, habla con los Escaloneros, les explican la necesidad de cambiar la ruta, de quitar algunas grapas para proteger al turismo. Un Escalonero de edad avanzada, argumenta: nunca ningún Escalonero ha muerto por un accidente. La gente que se alcoholiza y sube, que toma otras rutas son los que se matan, luego dicen que nuestra Peña, que nuestra Piedra es asesina, eso no es cierto, ella nos protege, nos cuida, si suben alcoholizados no es responsabilidad de la Peña ni de nosotros.

 

José Luis Pérez el Mayordomo pide respeto a las tradiciones, a su fe: “quieren quitarnos tres grapas para escalar, nosotros las pusimos con propio esfuerzo, ninguna autoridad nos ha ayudado y ahora quieren cambiarnos las cosas. Jamás se han acercado para conocer lo que hacemos, lo que queremos y no permitiremos que destruyan lo que no han hecho, mejor que vengan y suban con nosotros para que conozcan y vean la disciplina y el cuidado que tenemos por preservar, muchos son hijos de otros Escaloneros, hay padres e hijos que siguen subiendo, padres que dejan el lugar a sus hijos porque la edad ya no les permite subir. Esta es nuestra tradición, esta nuestra fe y pedimos que se nos respete”.

El camino hacia la Peña

Va el abanderado al frente, lo siguen los bastones y después la Santa Cruz en andas, la custodian, hacen cambios para seguirla cambiando, van por calles que se están empedrando sobre concreto armado, entre nuevas construcciones. La gente sale de sus casas, muchos se suman para acompañarlos hasta el Descanso, una capilla en el camino donde la Cruz es desmontada de las andas. Se ora y continúan el camino.

La peña está a costado derecho, el elefante se ve de frente, es una imagen poco común. Se llega a un camino reducido, con escalones de piedra Caliza. Ahí se detienen, se descansan las tres cruces, quienes no subirán la peña se despiden, tocan las cruces y se persignan. Se van retirando y se paran enfrente. Un Escalonero mayor es quien tiene la Cruz y comienza l ascenso de espaldas, lo orientan y siguen los demás. Sube un escalón, dos y al tercero espera otro momento, hasta que la gente se va retirando.

Nuevamente Armando y el Mayordomo José Luis, explican que es una bendición y por eso el Cristo no puede darle la espalda a su pueblo, hasta que se retiran, es entonces cuando giran y comienza el ascenso hasta la capilla, lugar al que llega la mayoría del turismo, después, el monolito se vuelve exigente, no todos tienen la oportunidad de subir.

La capilla del Camino

Un pequeña capilla a media Peña es donde se dejan descansar dos de las cruces, las menores, son negras, planas, se dejan ofrendas y tras un leve descanso, se retoma el camino. Las piedras parecen acomodarse a su paso, los planos se van haciendo más prolongados, Catareno López sigue cargando la Cruz es el tercer Escalonero, el Tenanche Pedro Reséndiz Díaz como segundo del Mayordomo sigue la procesión en el ascenso. Un Escalonero comparte limones partidos a la mitad y otro, alguna manzana, algunos más traen tortillas de la mesa para el arduo camino.

El ascenso

Paso a paso va quedando el pueblo abajo, el turismo se empieza a ver cada vez menos, la subida cuesta, las piernas tiemblan y los Escaloneros trepan con facilidad. Llegamos a un punto donde no se ve por donde escalar y una cuerda es la herramienta común, así poco a poco con las piernas en compás y agarrándose hasta con las uñas se gana terreno, trepamos para llegar al penúltimo tramo, faltan unos ochenta metros para llegar a la cúspide de la Peña de Bernal, un Escalonero joven nos ayuda con la mochila, ofrece llevar la cámara, pero desistimos, queremos llegar con ellos y vamos tramito a tramito, voltear hacia abajo no es recomendable, las paredes son cada vez más verticales, hasta un angosto descanso. Nos indican que subiremos al último y vemos como apenas detenidos de las grapas, van trepando, una vez 20 arriba, sólo el que detiene la Cruz y quien esto escribe quedamos.

Pasa la Cruz al primero que está de espaldas a la pared y este la toma y pasa hacia atrás, donde está otro y otro y se escuchan sus voces y ese rumor y la altura, el flaqueo en las piernas nos impide seguir.

Una rápida lección

Emiliano Álvarez Uribe, me recomienda no mantenerme de pie porque es natural el mareo. Le comento si sabe usar la cámara fotográfica y dice que no. Entonces viene una rápida explicación de las funciones básicas, para la fotografía fija y el vídeo.

Atento toma la cámara, realiza algunos disparos y lo veo alejarse, hacia la cima.

La soledad en el monolito

Pasan los minutos y el tiempo parece no correr, el viento trae los aromas de la Peña, el sol ilumina todo, la piedra billa. La mente viaja en recuerdos, en promesas no cumplidas, en ilusiones. Abajo sobre vuelan algún aves, las nubes parecen alejarse.

El hambre se anuncia, recuerdo las barras y la torta, el refresco y me dispongo a comer en las alturas… recuerdo entonces que me ayudaron con la mochila… que andará por la cima… el tentempié, tendría que espera.

Una hora después, se escucha el estruendo de un cuete y luego una andanada de explosiones y humos de pólvora sobre la peña… luego, explosiones esporádicas… silencio, aromas exquisitos… voces y el descenso de los primos Escaloneros.

El descenso

Los veo alejarse, perderse cuesta abajo, llega el turno y hay que descender, caminar por desfiladeros que no vi en el ascenso, bajar sentado, deteniéndose con las piernas para no cobrar velocidad y desbarrancarse. Ellos lo hacen con facilidad, pero el tiempo cobra su cuota. Llega un momento en que hay que voltearse, no se ve ni donde pisar, son sobresalientes de piedra, solidarios colocan un pie donde debo pisar, y luego el otro, giro a mi espalda el Pueblo de Bernal hasta abajo y así, un nuevo descanso y otra bajada y otra hasta llegar a la Capilla y luego al descanso y el camino a la iglesia de la Santa Cruz, pero ¿qué pasó arriba?

Pregunto a Emiliano Álvarez si tomó video y nos dice que sí, pero se acabó la pila.

Cargada la cámara la sorpresa mayor, un extraordinario trabajo fotográfico, videos tomado por ellos, por los mismos Escaloneros, comentarios.

Armando Martínez Escalonero Mayor, nos explica que arriba se quita la Milagrera a la cruz, también se retira el Rostro de Jesús, se colocan los bastones, y se hace el ofrecimiento a los cuatro puntos cardinales, se baja la ropa para que el Mayordomo la lave y se guarda el Divino Rostro, para cuando suban por la Cruz, en abril, para las festividades del 1 al 3 de mayo, cuando con mayor suerte podremos llegar hasta la cima de la Peña de Bernal, en tanto, en la iglesia las mujeres de la Mayordomía, ya tenían preparada la cena… con lo que Dios les Ofrece.

La Peña de Bernal parece acompañarnos, hasta que a la distancia se pierde.

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